28 dic 2010

SE CONOCE EXPEDIENTE DEL PROCESO JUDICIAL DE MADERO EN 1910


Cultura: Publican expediente del proceso judicial de Madero en 1910

Juan Carlos Talavera | Culturas

Martes 28 de Dic., 2010

WEB. El documento, que contiene diez cuadernillos con material casi desconocido, se puede consultar en www.iisue.unam.mx/ahunam/madero.

La UNAM publica el expediente completo del proceso judicial seguido a Francisco I. Madero, en 1910, donde fue acusado por los delitos de sedición e insultos y ultrajes a la autoridad de la figura del Presidente de la República. El documento contiene diez cuadernillos con material casi desconocido y que puede ser consultado de forma gratuita en la página www.iisue.unam.mx/ahunam/madero.
El documento original fue encontrado en el archivo de Martín Luis Guzmán que se encuentra en poder del Archivo Histórico de la UNAM, detalla José Roberto Gallegos, investigador y encargado de estudiar este archivo. “Sin duda aquí podemos revisar las acusaciones, declaraciones, testimoniales y pruebas presentadas en torno al juicio que se siguió en contra de Madero que de alguna forma nos asoman a la lucha por la democracia contra el régimen de Porfirio Díaz y que son el antecedente previo a las armas”.
Entre la información que aportan estos cuadernos están las pruebas para la libertad caucional de Madero, el juicio a su compañero Roque Estrada Reynoso, las documentos y alcances del Monitor Democrático y una carta enviada por Francisco I. Madero a Porfirio Díaz, considerada una obra maestra de la ciencia política en México.
Incluye el discurso original de Madero, utilizado por sus detractores y modificando en su contenido para acusarlo, así como una serie de documentos complementarios como la Ley de Amnistía de 1911 –utilizada por Madero para obtener su libertad– y el código de procedimientos penales vigente en su momento, para realizar una lectura del juicio desde el punto de vista legal.
LAS ARMAS. En entrevista con Crónica, José Roberto Gallegos asegura que la difusión de estos documentos abre un espacio en torno al problema de la democracia, dado que el líder más importante de la oposición fue a la cárcel 15 días antes del proceso electoral, lo que significó una violación clarísima al Estado de derecho y de la elección.
A eso se suma el proceso del fraude electoral que documentó su amigo González Garza, aunado a la convivencia de los poderes, es decir, cómo el poder legislativo claramente se mantuvo subordinado de las decisiones del Ejecutivo, explica.
“Por tanto es claro se agotaron las instancias. Primero se perdió la elección vía el fraude; la Cámara de Diputados no aceptó las impugnaciones y declaró electo a Porfirio Díaz y a Ramón Corral; la Suprema Corte no concedió los amparos a Madero y Roque Estrada y por consecuencia llegó el tiempo de las armas”.
PIEZA DOCUMENTAL. Roberto Gallegos señala que el expediente del proceso judicial seguido a Francisco I. Madero, en 1910, es una pieza documental que ha permanecido perdida por casi un siglo, pese a que hace 59 años Martín Luis Guzmán dio a conocer una breve selección de estos archivos en El Universal, y que literalmente quedó sepultada en el olvido.
Cabe señalar que en el documento virtual también se agregan los testimoniales que aporta datos en torno a la descripción de la marcha antirreleccionsita llevada a cabo en la ciudad de México el 29 mayo de 1910, donde se describe a los grupos de la época, sus mantas, estandartes y lo que gritaban los oradores.
“Con todos estos documentos claramente se ve que existió una conspiración para encarcelar a Madero. Sin embargo, una lectura atenta y cuidadosa de este documento nos aporta elementos sobre cómo funciona el sistema judicial, la policía y cómo se espía”, detalla el coordinador del proyecto.
Para el montaje de la información en la página web fue necesaria la transcripción, descripción, digitalización y automatización de los documentos, así como la integración de la base de datos y la interfaz que permite la consulta del documento.

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22 dic 2010

LA HISTORIA NO ES COMO LA PINTAN

Que Colón servía a Portugal y era hijo de un rey polaco

El investigador luso-estadunidense Manuel Rosa asegura que Cristóbal Colón servía en secreto a Portugal y no a España

EFE

EL UNIVERSAL

MADRID, 29 de noviembre.- Cristóbal Colón servía en secreto a Portugal, y no a España, a la que con el "descubrimiento" de América pretendía alejar de los ricos mercados de Asia, y no era de origen genovés, pues su padre pudo ser un rey polaco exiliado en Madeira, afirma el investigador luso-estadunidense Manuel Rosa.

Tales afirmaciones, difíciles de aceptar para los historiadores colombinos, van a causar cuanto menos una fuerte polémica, pues Rosa, que trabaja para la Duke University Medical Center (Carolina del Norte), acompaña cada una de sus aseveraciones con fuentes muy documentadas que pueden conmover los pilares de la historia moderna.
"La clave de este enigma siempre estuvo en Portugal, en concreto en el matrimonio de Colón con Filipa Moniz, comendadora de la Orden de Santiago", explica Rosa en una entrevista  con motivo de la publicación en España de su libro "Colón: La historia nunca contada" (Editorial Esquilo), prologado por Joaquim Veríssimo Serrao, premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales 1995.
En un volumen plagado de citas, genealogías y reproducciones de cartas y códices, Rosa sigue el tortuoso camino de demostrar que Colón no era un tejedor genovés, sino un noble con conocimientos científicos poco usuales para su época y que siempre estuvo al servicio portugués, como espía y como marino.
"El auténtico Colón no es el Colombo italiano, un plebeyo que jamás se habría podido casar con Filipa y haber accedido de la noche a la mañana a la Corte portuguesa y al círculo íntimo de Juan II", dice Rosa.
Colón, dice, "era una persona muy importante, muy conocida y con toda la confianza de la monarquía lusa, que en España trabajó para Don Juan II con la misión secreta de alejar a los castellanos de la India y recobrar después, con matrimonios reales, el nuevo patrimonio americano".
Además, señala, la conquista de las "Indias Occidentales" alejaría la inevitable ambición española sobre Portugal una vez conquistada Granada a los musulmanes.
"Juan II -apodado el "príncipe perfecto", que reinó entre 1481 y 1495- trabajaba sobre un plan universal, con las exploraciones como una prioridad para su gobierno y con la derrota del Islam como su otro gran objetivo", destaca el escritor.
Ese plan "destinado a proteger la India verdadera", añade, tenía unos antecedentes increíbles, pues hay mapas que prueban la llegada antes de 1492 de los portugueses a Canadá y a algunas partes de Sudamérica.
"Colón sabía desde un principio dónde iba, no era el marino poco versado que desconocía su destino, como lo presenta la historia oficial", subraya Rosa, quien insiste además en que el Almirante era miembro de la Orden de Cristo, heredera de los templarios en Portugal.
El plan universal de Juan II fracasó cuando falleció su hijo en 1491 y cuando el propio monarca murió en 1495.
Su sucesor, su primo y cuñado Manuel, no continuó con esa maquiavélica estrategia, dados sus estrechos lazos con la España unificada de los Reyes Católicos.
Sin embargo, el gran misterio que subyace en esta historia de Colón de Manuel Rosa radica en el propio origen del hombre que "descubrió" América.
Tras mucho indagar, Rosa llega a la conclusión de que la personalidad real de Colón, que con tanto ceño ocultaron la Monarquía lusa y el propio marino, correspondía a un tal Segismundo Henriques.
Según sus razonamientos, era hijo de Ladislao III, rey de Polonia y Hungría, derrotado por los turcos en la batalla de Varna en 1444, en la que desapareció.
Rosa considera probado en varias cartas de la época que Ladislao renunció a su corona y se exilió en el último país en Europa que seguía empeñado en la cruzada contra el Islam, Portugal, y asimila el misterio que rodeó al linaje del rey polaco al de Colón.
Tras adoptar la identidad de un tal "Enrique Alemán", Ladislao habría sido el padre de Colón y de dos de sus hermanos en Magdalena del Mar, en el archipiélago luso de Madeira.
"La solución final del enigma -dice- pasa por la comparación genética entre los restos de Colón y los de Ladislao, y esa solución podría cambiar totalmente la memoria del mundo moderno. Pero no nos engañemos, estoy marchando contra 500 años de historia".

2010-11-29 10:06:00



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19 dic 2010

EL FIN DE UN SUEÑO:

El fin de un sueño: la Decena Trágica acaba con la incipiente democracia y con las vidas de Madero y Pino Suárez

Bertha Hernández | Nacional  LA CRÓNICA

Domingo 19 de Dic., 2010

Huellas. Al día siguiente de los asesinatos, el pueblo se agolpó a espaldas de la Penitenciaría, donde habían caído Madero y Pino Suárez. Foto: Archivo

03:18 Tiros en la oscuridad: las muertes de Madero y Pino Suárez

Era sabido, en las primeras semanas de 1913, que el presidente Madero estaba satisfecho: consideraba que había aniquilado, exitosamente, las rebeliones que tanto le habían agobiado durante 1912: Félix Díaz y Bernardo Reyes estaban en cárceles capitalinas, y, si no hubiera sido por la presión de los restos de la élite porfiriana, el "sobrino de su tío" habría acabado su vida en el paredón; el movimiento de Pascual Orozco, en el norte, había sido sofocado. El zapatismo, en realidad, no había llegado a ser un movimiento de grave riesgo, y, además, Madero apreciaba al líder, don Emiliano, por más que el Plan de Ayala contuviera abundantes reproches para el sucesor de Díaz y de León de la Barra. Era, muy probablemente, el inicio de la estabilidad anhelada, que conduciría a la renovación de la vida nacional.
Pero Madero se equivocó. Quedaban rescoldos de las revueltas de origen militar. Desde sus respectivas prisiones, Reyes y Díaz entraron en contubernio: estaban seguros de que, unidos, y en la capital del país, podrían apoderarse del gobierno. No lo lograrían, pero su complot preparó el terreno para que otro líder militar ganara la partida. Su nombre era Victoriano Huerta.
LOS DESCONTENTOS. No eran pocos los inconformes con la presidencia de Madero. Los decepcionados, los que tanto habían creído en las promesas de la revolución de 1910, no estaban a gusto. Pero ellos, en esta ocasión, no constituían el verdadero peligro. El riesgo estaba en los sobrevivientes del "viejo régimen", que todavía extrañaban los días de don Porfirio; los hacendados y empresarios que, acomodados en el peldaño más alto de la escala social, se quejaban de que Madero "no los trataba con las consideraciones" que en otros tiempos habían recibido. Algunos de ellos no verían con malos ojos la llegada de otro "hombre fuerte", dispuesto a ser más accesible que el presidente espiritista y menos dado a emprender reformas sociales.
EL EMBAJADOR. Si había alguien en la comunidad diplomática establecida en México que le profesaba una profunda antipatía a Francisco I. Madero, ése era el embajador de Estados Unidos, Henry Lane Wilson. El diplomático no tenía empacho alguno en comentar, en público y abiertamente, los errores, que, según sus apreciaciones, cometía el gobierno.
Aun cuando el gobierno de Washington había simpatizado, al principio, con el maderismo, esa buena voluntad se apagó muy pronto, al constatar que el presidente no beneficiaría, como se esperaba de él, a las empresas petroleras estadunidenses. Además, la inestabilidad política del régimen mexicano resultaba incómoda al gobierno vecino. A la hora de la sublevación, Wilson no vacilaría en apoyar a los rebeldes.
EL CUARTELAZO. - Era un domingo, 9 de febrero de 1913, cuando, muy temprano, los felicistas y los reyistas, aliados, iniciaron una rebelión en la ciudad de México. Un contingente de soldados, salidos del cuartel de Tacubaya, se unió a los alumnos de la Escuela de Aspirantes; comandaban la operación los generales Manuel Mondragón y Gregorio Ruiz. Tan planeada estaba la maniobra, que hoy día se conserva una filmación del momento en que los jóvenes de la Escuela de Aspirantes saltan la barda de la institución para unirse a los sublevados.
Los rebeldes liberaron, de la prisión militar de Santiago Tlatelolco, a Bernardo Reyes. Luego, con el general a la cabeza, sacaron de la Penitenciaría de Lecumberri a Félix Díaz. La presión del contingente rebelde atrajo a numerosos militares. La presencia de Reyes entusiasmaba a los que, críticos de Madero, aún le reprochaban su debilidad. De entre la muchedumbre salió el grito: "¡A Palacio!", "¡A Palacio!". Y a Palacio Nacional se dirigieron los rebeldes. Tenían enviados allá, encargados de amotinar a la guarnición; estaban confiados: no habría resistencia.
Pero se equivocaron: Lauro Villar, jefe de la plaza, permaneció leal al presidente. La refriega costó la vida de muchos paseantes o curiosos que, a temprana hora, caminaban por el Zócalo. Bernardo Reyes, en la vanguardia del ataque, cayó muerto, "pero no por la espalda", como alcanzó a decirle a su hijo Rodolfo.
Por momentos, pareció que todo se solucionaría; los leales a Madero conservaban Palacio. Pero Lauro Villar estaba herido; lo sustituyó Huerta, Los felicistas se refugiaron en la Ciudadela. Madero, escoltado por los cadetes del Colegio Militar, marcharía a Palacio, a restaurar el orden. Encontraría la traición y la muerte.

© Complot
Con el tiroteo a las puertas de Palacio Nacional comenzaron los días que pasaron a la historia con el nombre de "Decena Trágica". Huerta entró en negociaciones con Félix Díaz y Manuel Mondragón. Se ocupó de conseguir el respaldo de Henry Lane Wilson, quien, intereses aparte, detestaba profundamente a Francisco I. Madero.
El presidente desoyó las advertencias de su hermano Gustavo, que desconfiaba de Huerta. Al paso de los días, y cuando fue evidente que las tropas de Huerta no aplicaban esfuerzo alguno por derrotar a los golpistas de la Ciudadela, el presidente le dio 24 horas al militar para "probar su lealtad". Esas 24 horas fueron suficientes para consumar la traición: poco después de una escaramuza en el mismísimo despacho presidencial, cuyas huellas aún se conservan, Madero y el vicepresidente Pino Suárez fueron hechos prisioneros y encerrados, junto con el general Felipe Ángeles, en la Intendencia del Palacio Nacional.
En la representación de Estados Unidos se firmó el "pacto de la Ciudadela o "pacto de la Embajada", firmado por Huerta y Díaz, que daba por "inexistente y desconocido" el régimen del coahuilense que creyó en la democracia. El compromiso iba más allá: se aplicarían todos los esfuerzos necesarios para que Huerta asumiera la presidencia "en menos de 72 horas".

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30 nov 2010

LA GUERRA DE INDEPENDENCIA, IMPORTANTE LIBRO PRESENTADO POR EL CRONISTA DE LA CIUDAD DE POZA RICA, LIC. LEONARDO ZALETA J.

 

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Lic. Leonardo  Zaleta  al centro  Lety Sánchez y  Dr. Obed Zamora

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Quienes asistimos al evento la pasamos “ super” los estilos diferentes e inigualables de los  cronistas de Tuxpan y de Poza Rica fue algo digno de verse.

Es realmente lamentable  que quienes pudieron acudir no lo hicieran pues la historia narrada de forma amena y digerible y con la presentación de nuestro querido Dr. Obed Zamora, cronista de Tuxpan, le dio a la noche un encanto especial.

Cierto…. no se llenó el auditorio pero quienes estuvimos ahí, disfrutamos de forma increible esa parte de la historia  no publicada, la historia  poco o  nulamente conocida de nuestra patria, de nuestros antepasados.

Descubrí que poco o nada ha cambiado nuestra forma de ser,  pues  Leonardo Zaleta nos comentó  sobre el canibalismo existente en el hemisferio occidental antes de la conquista,  ¡¡ Horror  nos merendábamos a nuestros semejantes !!   pero viéndolo bien lo seguimos haciendo cuando nos sentamos en el café y destazamos  a nuestros gobernantes entre sorbo y sorbo del aromático, que bien puede significar la sangre de nuestras víctima s.

Otra parte de la la historia  que se desconoce fue el encanto que  la Güera Rodríguez ejerció sobre los independentistas… y los muchos  y conocidos  caudillos que se dieron cita  en la alcoba de la guapa.

 

Habló de los envenenamientos ejempl.  Fray Melchor de Talamantes, fueron los primeros mártires de la guerra de independencia, las primeras víctimas sacrificadas por la libertad de expresión.

Despues de la invasión de España   ( dice Leonardo )  los virreyes no sabían que hacer pero se da la confrontación  entre los dos bandos los realistas e insurgentes y los liberales  y las conspiraciones , tocó el tema de la francmasonería y su influencia, seres  que trataban  de buscar la realidad social que se estaba viviendo, ellos fueron la clase intelectual que se pone al frente de este movimiento porque en aquel tiempo no había partidos políticos.

En este grupo de la francmasonería estaban los caudillos como Hidalgo y Morelos, Allende es el cerebro y es el militar que tenia capacidad para dirigir un movimiento armado,  pero Hidalgo era el representativo porque era el que tenia ascendiente moral.

En la primer misa  dice; hay que llamar al inicio de la  lucha armada diez pesos al que tenga caballo, 5 pesos al que ande al pie;  es la paga.

Hidalgo tocó  la campana de la libertad , es la imagen que nos programaron desde niños … Hidalgo no era campanero el que tocó la campana fue  Don  Pepe Santos  que era el organista , el 15 de sep. todo mundo quiere emular a Hidalgo …   mas bien emulan  a don Pepe Santos ( risas) Hidalgo llamó a la lucha  el 16 de sep.. por la mañana, era mañanero…

Y así  cobijado con el afecto de quienes queremos bien  a  Leonardo y a Carmelita, concluyó la presentación de libro en el cual pudimos saludar a mucha gente conocida y apreciada.

Estuvimos presentes  los medios de comunicación los cuales  tenemos un compromiso ineludible con la cultura.

Rojo Acontecer, La K Buena y  Veracruz  Live

 

Leonardo, Dr. Obed, los queremos mucho.

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2 nov 2010

POR CUIDARSE DE LOS REYISTAS…

Por cuidarse de los reyistas, el régimen porfiriano olvidó a Madero, quien recorrió el país ganando terreno para su causa democrática

Bertha Hernández | Nacional/ Crónica

 

Correligionarios. En Puebla, Madero conoció a un valeroso activista: Aquiles Serdán. Foto: Archivo

Cuatro giras de vértigo, en pleno activismo por la democracia
Vázquez Gómez: el compañero de fórmula

Después de la publicación de La Sucesión Presidencial en 1910, Francisco I. Madero se lanzó de lleno al activismo político. Su mera presencia ya era, bien mirado, señal de que algo cambiaba, en la manera de ver el mundo, entre los mexicanos de principios del siglo XX. Él representaba, por sí mismo, una manera novedosa de entender la vida política; un proyecto sustentado en la democracia, una personalidad radicalmente diferente a la de los caudillos, a los héroes de guerra, a los jefes políticos que durante décadas habían gobernado a los mexicanos.
Madero, creyente de la fuerza de las ideas, estaba seguro de que la meta principal de los comicios del año del Centenario había de ser una victoria democrática. De un triunfo electoral derivarían todas las soluciones a los problemas nacionales. Los hechos demostrarían la limitación de esta creencia, y eso, años más tarde, le costaría la vida al presidente que llegaría a ser el hacendado de Coahuila.
Pero era mayo de 1909, surgía el Centro Antirreeleccionista de México, impulsado por el propio Madero, por Toribio Esquivel Obregón y Félix Palavicini; eran antiguos reyistas convertidos al antirreeleccionismo personajes como los hermanos Emilio y Francisco Vázquez Gómez, este último, médico de Porfirio Díaz; a esta misma clase pertenecían Venustiano Carranza, José María Maytorena y Luis Cabrera. Fue tan notoria esta fracción de militantes, que Bernardo Reyes acusaría a Madero de haberle "usurpado" su movimiento.
Madero canalizó todos sus esfuerzos a la constitución de un Partido Nacional Antirreeleccionista que adquirió alcances nacionales, con base en un intenso activismo que se desplegó por todo el país.
La estrategia era, hasta cierto punto sencilla: Madero desarrolló cuatro giras por todo el país, acompañado siempre de Sara, su esposa y unos pocos seguidores. Los mexicanos veían a este hombre que les hablaba de libertades y de derechos, que criticaba el militarismo y el caudillismo: un demócrata que, en cada población que visitaba, animaba a la gente a formar clubes antirreeleccionistas que después podrían vincularse de región a región, de estado a estado.
Las crisis económicas y sociales de aquella primera década del siglo XX convirtieron a los mexicanos en tierra fértil para las arengas de Madero. Los clubes antirreeleccionistas se multiplicaron, con la encomienda de llevar a cabo convenciones estatales que nombrarían a los delegados que asistirían a la convención de abril de 1910, donde se definiría la fórmula electoral que competiría por la Presidencia y la vicepresidencia de la república, disputándoselas a don Porfirio y a su vicepresidente en funciones, Ramón Corral.

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24 oct 2010

RAMON CORRAL: LA HISTORIA DE UN VICEPRESIDENTE SIN COMPLICACIONES

Domingo 24 de Octubre, 2010  LA CRONICA

Con todo y su resistencia a dejar la presidencia de la República, don Porfirio era más o menos consciente del paso del tiempo. Hacia 1904, privaba una gran incertidumbre: ¿qué sucedería si el presidente llegase a faltar inesperadamente? Era una posibilidad que había de considerarse con serenidad y cabeza fría: en 1904, Díaz tenía 74 años. ¿ A qué se exponía el país si falleciera?
La solución era poco práctica: la Constitución de 1857 señalaba como suplente al secretario de Relaciones Exteriores, Ignacio Mariscal, que era… dos años mayor que el presidente.
La posición financiera de México, en materia de crédito internacional e inversión extranjera, exigía mejores opciones. Con ánimo pragmático, se decidió, en 1904, modificar la Constitución, para resucitar la figura de vicepresidente de la República, que habría de ser electo, una variante mucho menos problemática que la establecida en 1824, cuando la vicepresidencia era para el candidato a la presidencia que resultara perdedor, y esa situación explica, en buena parte, la gran cantidad de intrigas, pronunciamientos y asonadas que agobiaron a México en sus primeros años de república independiente.
Pero en 1904, el asunto se solucionó, con la creación de "fórmulas" electorales: don Porfirio habría de elegir a su compañero electoral y, mañosamente, se tardó bastante en decidir. Así, le puso los nervios de punta a científicos y reyistas.
Por fin, don Porfirio escogió a Ramón Corral, secretario de Gobernación desde 1903, con una carrera más bien burocrática, pero integrado a los científicos. Para el presidente resultaba el compañero perfecto: leal, callado y sin ambiciones notorias, dispuesto a no complicarse la vida, y a suplir al mandatario en las ocasiones frías, lluviosas, en los desvelones, en las ceremonias poco convenientes para la investidura presidencial; de hecho, la frase del presidente era proverbial: "Que vaya Ramón…".

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4 oct 2010

LOS CUARENTA Y UNO

Cultura: Reeditan la primera novela gay en México

Reeditan Los cuarenta y uno, primera novela gay en México

Juan Carlos Talavera | Culturas/ La Crónica

Lunes 4 de Octubre, 2010

Portada del libro

El investigador Robert McKee recuperó Los cuarenta y uno, novela crítico-social escrita por Eduardo Castrejón en 1906, que fue borrada del mapa literario y prohibida durante el porfiriato, donde se dibuja la mofa y el amarillismo de la prensa y la sociedad en general en torno al tema de la homosexualidad en aquella época.
La novela de estilo popular, escrita bajo seudónimo, narra los acontecimientos del 17 de noviembre de 1901 cuando la policía capitalina realizó una redada en una fiesta donde encontró 42 hombres, 19 de los cuales iban vestidos de mujer.
Según los datos de la época, todos los asistentes a la velada fueron llevados presos, menos uno, porque según las pesquisas del investigador debió omitirse el nombre de un personaje influyente: Ignacio de la Torre, yerno de Porfirio Díaz, “un libertino caracterizado en dicha novela bajo el seudónimo de Pedro Marruecos”. De tal suerte que los testimonios escritos comenzaron a utilizar el número 41 para referir aquel acto que la sociedad convirtió en una leyenda urbana o mito social, señaló Robert McKee, quien elaboró el estudio crítico del libro, acompañado de un prólogo de Carlos Monsiváis.
Según McKee, “en principio pensé que el autor de la novela era un periodista que había tratado el tema con mucho desdén, con rencor exagerado, aunque en otros momentos se fija en detalles de cómo se visten y maquillan los travesti, cómo lo disfrutan y poniendo énfasis en su fascinación”.
Sin embargo el estudio de la homosexualidad fue problemático desde 1895, cuando se dio la noticia del proceso y encarcelamiento de Oscar Wilde, aunque sólo fue visto como un hecho extranjero, hasta 1901, cuando se convirtió en hecho nacional.
Para el investigador, Eduardo Castrejón, el supuesto autor de la novela, sólo es el seudónimo que Mariano Ruiz –general, diputado, gobernador de Nayarit que estaba aparentemente viviendo en la ciudad durante la época– utilizó para elaborar este ejercicio escriturario. “Y probablemente utilizó seudónimo porque nadie se atrevía a hablar abiertamente del tema con el enfoque de una novela porque se podía manchar su reputación”, aseguró.
Cabe señalar que de esta novela —editada por la Dirección de Literatura de la UNAM— sólo existe un ejemplar en el Fondo Reservado de la Biblioteca Nacional, donde se requiere de una identificación para su acceso, de tal suerte que desde su aparición este libro fue censurado y relegado de la historia literaria; de ahí la importancia de una nueva edición, apuntó.
En su estudio crítico, McKee señala que existen varias novelas decimonónicas como El periquillo Sarniento, de Joaquín Fernández de Lizardi; Clemencia, de Ignacio Altamirano; Astucia, de Valle Inclán, Los mariditos, de José Tomás de Cuéllar, y El fistol del diablo, de Manuel Payno, que contiene referencias homoeróticas.
LOS 41. Para la escritora Rosa Montero, la sociedad se escandalizó más de lo que se sorprendió, “porque como explica Robert Mc Kee, era un hecho por todos conocido, siempre y cuando no fuera exhibido, sólo así la sociedad estaba dispuesta a tolerarlo.
“Este episodio del underground urbano fue conoció como ‘El Baile de los 41’, cifra utilizada desde entonces como estigma y choteo de la homosexualidad en México”, apuntó la escritora.
Finalmente, recordó los tres grabados que José Guadalupe Posada elaboró sobre el caso de Los cuarenta y uno. El primero hace alusión al baile, donde se observa a un grupo de hombres con bigote en traje de mujer. “Aquí están los maricones, muy chulos y coquetones”.
El segundo correspondió a su supuesta humillación pública barriendo las calles, enfundados en los trajes de mujer con que fueron encontrados; y en 1907 recurrió al mismo lema: “El feminismo se impone” para retratar a seis hombres haciendo labores de la casa vestidos de mujer.

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30 sept 2010

REALIZAN MESA REDONDA SOBRE PARTICIPACIÓN POLÍTICA Y CIUDADANÍA

    BOLETIN DE PRENSA

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    En el marco de la celebración del Bicentenario

En el marco de la celebración  del bicentenario de la Independencia y centenario de la Revolución se  realizó la mesa redonda Representación Política y Ciudadanía  en la que participaron investigadores de la Universidad Veracruzana.

Este evento junto con la presentación de la soprano Sandra Lorh y su grupo, además de la inauguración de una exposición fotográfica son  parte de las actividades que la Vicerrectoría de la Región Poza Rica-Tuxpan lleva a cabo en el marco de esta celebración.

En la mesa redonda participaron Leopoldo Alaffita Méndez, Efraín Quiñones León y Martín Aguilar Sánchez  integrantes del Instituto de Investigaciones Histórico- Sociales de la Universidad Veracruzana.

Martín Aguilar Sánchez  director de esté instituto dijo que la máxima casa de estudios se ha sumado a esta celebración creando una comisión para reflexionar  una propuesta acerca de cómo se celebraría el bicentenario, decidiéndose por una serie de mesas de debate y discusión para analizar distintas problemáticas  y  saber en el presente cuál es la situación de México  a partir  de esos acontecimientos.

Las mesas de  debate que se han venido realizando en los diferentes campus de la Universidad Veracruzana han  versado  sobre: El Mundo del Trabajo, Identidad Nacional, Representación Política y Educación a través de las cuales se han analizado diferentes problemáticas  nacionales y estatales.

Por su parte Efraín Quiñones León planteó la preocupación de que los mexicanos del presente tienen un gran desconocimiento de su historia nacional, contrario a otros países como Chile y  Argentina en donde la mayoría de la población tiene una visión amplia de la historia de su nación.

Otro de los tópicos que se abordaron fue el de la herencia  hacia un sistema político corporativista, que no incluye a todos los mexicanos y que limita la construcción de ciudadanía. Si bien se ha debilitado el sistema presidencialista federal a nivel regional, el ejecutivo estatal  mantiene la misma tradición.

Actualmente México enfrenta poderes fácticos que deben ser mermados y para ello se necesita una ciudadanía responsable, que  realmente asuma sus compromisos como tal.

Leopoldo Alaffita Méndez en su intervención cuestionó sobre de qué sirvió la revolución mexicana, inmediatamente hizo una reflexión en cuanto a que esté acontecimiento logró una estabilidad  política y económica  temporal en comparación con otros países de América Latina, debilitándose décadas después hasta nuestros días.

Al terminó de la mesa redonda, se contó con la participación de Sandra Lohr  y su grupo, quienes interpretaron un repertorio de canciones alusivas al  bicentenario de la Independencia y Centenario de la Revolución, para concluir con la inauguración de una exposición fotográfica titulada “Historia de Poza Rica”.

Estuvo presente la Vicerrectora de la Universidad Veracruzana en la Región Poza Rica-Tuxpan Caritina Téllez Silva, la Secretaría Académica Nazaria Martínez Díaz, así como directores, académicos y estudiantes  de las diferentes facultades.

Estos eventos se realizaron en el auditorio Adela del Toro del Área de Humanidades y forman parte de las actividades que esté jueves se desarrollaron en la Facultad de Contaduría de Tuxpan, donde la mesa redonda versó sobre el tema de la Educación.

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26 sept 2010

ENTRADA DEL EJÉRCITO TRIGARANTE : 1821

Tras la entrada a la ciudad de México del Ejército Trigarante, en 1821, se firmó el Acta de Independencia; ningún insurgente signó el documento

Bertha Hernández | Nacional

Domingo 26 de Sep., 2010

Fiesta. Entre aclamaciones y elogios, Agustín de Iturbide hizo su entrada triunfal a la ciudad de México. Foto: Archivo

 

Pocas notas de primera plana como la que los ciudadanos militares independientes, don Joaquín y don Bernardo de Miramón, editores del Diario Político Militar Mejicano, producido en la imprenta de don Celestino de la Torre, ofrecieron a sus lectores el viernes 28 de septiembre de 1821: nada más y nada menos que la entrada, a la ciudad de México, del Ejército Trigarante, cuyo nombre oficial era Ejército Imperial Mexicano de las Tres Garantías.
Por la crónica que de la marcha hicieron los hermanos Miramón, sabemos que se adornaron las principales avenidas de la ciudad, y se cuidó que por todas partes aparecieran pendones y cortinas verdes, blancas y rojas, colores de la enseña diseñada por Agustín de Iturbide.
Se cuenta que se construyó un enorme arco triunfal “entre la fábrica del convento del seráfico San Francisco y la casa del señor conde del Valle [de Orizaba]”, esplendoroso, aunque un tanto deslavado por el intenso aguacero de la noche anterior. Así, se cuenta, las calles de San Francisco y Plateros (hoy día Francisco I. Madero) lucían engalanadas “con gusto y brillantez”.
Serían las ocho y media o nueve de la mañana cuando los trigarantes comenzaron a llegar a la ciudad. Un piquete de Dragones operaba como la escolta del “jefe primero de dicho ejército”, Agustín de Iturbide. Rodeado de su Estado Mayor, “modesta y sencillamente vestido”, marchaba el Dragón de Fierro. Costaba trabajo verlo entre la multitud que abarrotaba la calle y los balcones, ventanas, azoteas y zaguanes.
Los hermanos Miramón, trigarantes desde luego, y que venían editando el diario desde el 1 de septiembre, establecidos en Tepotzotlán, no escatimaron elogios para con su jefe: aseguran que en esa jornada cientos de personas arrojaron a Iturbide, expresiones tan positivas como “Héroe Mexicano”, “Nuestro Libertador”, Nuestro Padre” y, desde luego, “Padre de la Patria”.
Los Miramón se declararon incapaces de reproducir con palabras el ambiente de fiesta que la capital mexicana le ofrecía al autor del Plan de Iguala: “No es fácil que expongamos tan en breve los diversos, honrosos y gloriosos títulos y epítetos que por toda la carrera hasta el palacio de los antiguos virreyes victoreaban (sic) y aplaudían a nuestro incomparable Washington las diversas clases del pueblo mexicano que agolpado trataba de mostrarle su cordial reconocimiento de honrarlo y admirar sus virtudes patrias y bélicas”.
El diario consigna que, después avanzaron las “valientes y bizarras” divisiones de Anastasio Bustamante, Vicente Guerrero, Nicolás Bravo, Pedro Zarzosa, el marqués de Vivanco, y otros más. Tan largo era el contingente trigarante, que el repique de campanas, que empezó al entrar Iturbide por la mañana, se acabó hacia las tres de la tarde, después de un desfile que duró seis horas, y en el que habían participado, por lo menos, doce mil soldados trigarantes.
Iturbide, después de haber hecho alto en el antiguo palacio virreinal, que se volvería la sede del nuevo gobierno independiente, caminó, entre salvas, a Catedral, donde lo recibió el arzobispo Pedro José de Fonte, acompañado por el cabildo, para asistir a un Te Deum por la nueva patria independiente.
Quienes insisten en acusar a Porfirio Díaz de fusionar la fiesta de su cumpleaños con la del inicio del movimiento insurgente tal vez han dejado pasar el nada inocente empeño de Iturbide: los trigarantes entraron a la capital el 27 de septiembre, día de su cumpleaños, y ahí estaban los Miramón para puntualizar el hecho: “El 27 de septiembre, día en que felizmente cumplió años el Excmo. Sr. Iturbide, según anunciamos ayer mismo, sería un día indeleble en la memoria de los mexicanos, juntando con inexplicable placer la reconocida y magnífica México el día en que vio perfeccionada su libertad y en el que va numerando los años completos de la preciosa vida de su heroico libertador. Todo fue ayer júbilo y contento: todo paz, unión y fraternidad”. El problema es que esa paz duraría muy poco: Iturbide se convertiría en el emperador del joven México independiente, inestable aún, pobre y presa de las ambiciones humanas. Muchos de sus contemporáneos verían llegar la mitad del siglo entre asonadas, pronunciamientos y traiciones. El Dragón de Fierro no vivió para verlo, abdicó en marzo de 1823 y se marchó al exilio. Entusiasmado con la idea de regresar y recobrar la gloria y el poder, se atrevió, sin saber que estaba proscrito y sentenciado, a pisar tierra mexicana, el 15 de julio de 1824. Reconocido y aprehendido al día siguiente, lo fusilaron, sin juicio, tres días después.

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16 sept 2010

EL JUICIO DE HIDALGO

Por Fernando Pascual | 16 de Septiembre de 2010

Al conocer algunos hechos del pasado tendemos a formular juicios de tipo
ético sobre la rectitud o la maldad de las decisiones y los comportamientos
de los protagonistas. Más allá de quienes defienden una historia simplemente
narrativa, que se limitaría a decir qué ocurrió, sin valoraciones, existe
en el corazón humano un deseo de comprender y una capacidad de juzgar que
nacen de nuestro amor hacia el bien y de nuestro rechazo hacia el mal.

Conocer los hechos relativos a la degradación y fusilamiento de Miguel
Hidalgo causa reacciones de diverso tipo. Pero antes de emitir juicios de
valor, es necesario un esfuerzo sincero por acceder a buena información,
exacta y objetiva, así como entender el contexto histórico, a veces muy
diferente al nuestro, en el que tales hechos ocurrieron.

Algunos datos sobre Hidalgo resultan suficientemente claros. Se trata de un
sacerdote católico, nacido el año 1753 en el entonces Virreinato de Nueva
España (que ocupaba un territorio mucho más amplio de lo que hoy es
México). En 1810 inició, desde la parroquia del pueblo de Dolores, un
movimiento armado contra quienes se consideraban autoridades legítimas.
Reunió un numeroso grupo de seguidores, venció algunas batallas y perdió
otras.

El 21 de marzo de 1811 Hidalgo fue arrestado por las tropas que obedecían a
las autoridades del Virreinato. Tras varios meses en la cárcel de Chihuahua,
fue juzgado y condenado a muerte. Su fusilamiento tuvo lugar el 30 de julio de
1811.

Su condición de sacerdote, en aquel tiempo histórico, representaba un
problema jurídico, pues las autoridades civiles no podían ejecutar a
clérigos sin antes haber conseguido la intervención de las autoridades
eclesiásticas.

Por lo mismo, para condenar a un sacerdote, hacía falta antes un proceso
eclesiástico por el cual el sacerdote, si era declarado culpable de algunos
graves delitos ante las leyes de la Iglesia, debía ser “degradado”, es
decir, lo expulsaban del estado eclesiástico. Sólo después podía ser
condenado de sus supuestos delitos por las autoridades civiles.

La degradación de Hidalgo está narrada por fuentes históricas cercanas a
los hechos. De la colección de documentos de Juan E. Hernández y Dávalos,
que es ofrecida en formato digital en Internet, nos fijamos en dos que narran
la sentencia y los actos con los que quedó degradado el famoso cura
michoacano.

El primer documento recoge la sentencia eclesiástica dictada contra el cura
de Dolores, don Miguel de Hidalgo y Costilla, el día 27 de julio de 1811, en
la “villa” de Chihuahua. La sentencia tiene en cuenta la serie de
acontecimientos derivados a partir de la insurrección de Hidalgo, así como
diversas faltas graves contra las autoridades eclesiásticas. Leemos parte del
texto (cf. www.pim.unam.mx/catalogos/hyd/HYDI/HYDI033.pdf, al cual accedo el
28-8-2010):

“Habiendo conocido juntamente con el señor comandante general de las
Provincias Internas de Nueva España, brigadier de los reales ejércitos, don
Nemesio Salcedo, la causa criminal formada de oficio al bachiller don Miguel
Hidalgo y Costilla, cura de la congregación de los Dolores en el obispado de
Michoacán, cabeza principal de la insurrección que comenzó en el sobredicho
pueblo el día 16 de septiembre del año próximo pasado (1810), causando un
trastorno general en todo este reino, a que se siguieron innumerables muertes,
robos, rapiñas, sacrilegios, persecuciones, la cesación y entorpecimiento de
la agricultura, comercio, minería, industria y todas las artes y los oficios,
con otros infinitos males contra Dios, contra el rey, contra la patria, y
contra los particulares; y hallando al mencionado don Miguel Hidalgo
evidentemente convicto y confeso de haber sido el autor de la tal
insurrección, y consiguientemente causa de todos los daños y perjuicios sin
número que ha traído consigo, y por desgracia siguen y continuarán en sus
efectos dilatados años; resultando además, reo convicto y confeso de varios
delitos atrocísimos personales, como son entre otros, las muertes alevosas
que en hombres inocentes mandó ejecutar en las ciudades de Valladolid y
Guadalajara, cuyo número pasa de cuatrocientos, inclusas en ellas las de
varios eclesiásticos estando a su confesión, y a muchísimos más según
declaran otros testigos; dado orden a uno de sus comisionados para la
rebelión, de dar muerte en los propios términos a todos los europeos que de
cualquier modo se opusiesen a sus ideas revolucionarias, como acredita el
documento original que el reo tiene reconocido y confesado; haber usurpado las
regalías, derechos y tesoros de su majestad, y despreciado las excomuniones
de su obispo y del Santo Tribunal de la Inquisición, por medio de papeles
impresos injuriosos, cuyos crímenes son grandes, damnables, perjudiciales, y
tan enormes y en alto grado atroces, que de ellos resulta no solamente
ofendida gravísimamente la majestad divina, sino trastornado todo el orden
social, conmovidas muchas ciudades y pueblos con escándalo y detrimento
universal de la Iglesia y de la nación, haciéndose por lo mismo indigno de
todo beneficio y oficio eclesiástico”.

Es interesante notar que antes de iniciar la larga lista de acusaciones contra
Hidalgo, el documento alude al hecho de haber escuchado al “comandante
general de las Provincias Internas de Nueva España”, es decir, a las
autoridades militares. Este dato evidencia el diálogo que existía en aquella
época entre el poder civil y el poder eclesiástico. Tras un cúmulo tan
grande de acusaciones, y algunas de ellas de gravedad, el juez eclesiástico
concluye con la siguiente sentencia (recogida en el mismo documento antes
citado):

“Por tanto, (...) privo para siempre por esta sentencia definitiva al
mencionado don Miguel Hidalgo y Costilla, de todos los beneficios y oficios
eclesiásticos que obtiene, deponiéndolo, como lo depongo, por la presente,
de todos ellos (...) y declaro asimismo, que en virtud de esta sentencia debe
procederse a la degradación actual y real, con entero arreglo a lo que
disponen los sagrados cánones, y conforme a la práctica y solemnidades que
para iguales casos prescribe el pontifical romano”.

Siguen las firmas de don Francisco Fernández Valentín, canónigo doctoral de
la santa Iglesia de Durango, que actuaba en representación del obispo, y de
los testigos y participantes en el proceso eclesiástico contra Hidalgo.

El segundo documento presenta la ceremonia o rito seguido para la
degradación. Tal ceremonia puede crear extrañeza por sus diversos elementos,
pero era el resultado de una tradición de siglos en la Iglesia Católica
sobre el modo de proceder en estos casos.

El documento lleva, en la colección de Hernández y Dávalos, el siguiente
título: “Degradación y entrega del reo a la autoridad militar”, y
también se encuentra en Internet (cf.
http://www.pim.unam.mx/catalogos/hyd/HYDI/HYDI034.pdf, al cual accedo el
28-8-2010).

La degradación tuvo lugar el 29 de julio de 1811, es decir, dos días
después de la sentencia eclesiástica anteriormente citada. Tras la
degradación, Hidalgo fue entregado a las autoridades civiles, que deseaban
fusilarlo cuanto antes.

El texto que deja constancia de la degradación está firmado nuevamente por
don Francisco Fernández Valentín y los testigos. Inicia con estas palabras:

“En 29 del propio mes y año (julio de 1811), estando el señor juez
comisionado en el hospital real de esta villa con sus asociados y varias
personas eclesiásticas y seculares que acudieron a presenciar el acto,
compareció en hábitos clericales el reo don Miguel Hidalgo y Costilla en el
paraje destinado para pronunciar y hacerle saber la precedente sentencia; y
después de habérsele quitado las prisiones, y quedado libre, los
eclesiásticos destinados para el efecto le revistieron de todos los
ornamentos de su orden presbiteral de color encarnado, y el señor juez pasó
a ocupar la silla que en lugar conveniente le estaba preparada, revestido de
amito, alba, cíngulo, estola y capa pluvial, e inclinado al pueblo, y
acompañándole el juez secular teniente coronel don Manuel Salcedo,
gobernador de Texas, puesto de rodillas el reo ante el referido comisionado,
éste manifestó al pueblo la causa de su degradación, y en seguida
pronunció contra él la sentencia anterior, y concluida su lectura procedió
a desnudarlo de todos los ornamentos de su orden, empezando por el último, y
descendiendo gradualmente hasta el primero en la forma que prescribe el
pontifical romano...”

La parte final del documento vuelve a manifestar la colaboración existente
entre autoridades eclesiásticas y autoridades civiles:

“... y después de haber intercedido por el reo con la mayor instancia y
encarecimiento ante el juez real para que se le mitigase la pena, no
imponiéndole la de muerte ni mutilación de miembros, los ministros de la
curia seglar recibieron bajo su custodia al citado reo, ya degradado,
llevándolo consigo, y firmaron esta diligencia el señor delegado con sus
compañeros, de que doy fe”.

En estos dos documentos se nota el deseo de respetar la normativa vigente, es
decir, mantener en pie lo que es propio de un estado en el que se actúa
según leyes. Que las leyes sean o no sean justas, desde luego, tiene su
importancia, pero muchas veces la gente, por motivos culturales o de otro
tipo, no se pregunta por la bondad de las normas y las asume y aplica con
mayor o menor exactitud.

No explicamos los hechos que se sucedieron en las siguientes horas, y que
desembocaron en el fusilamiento de Hidalgo al día siguiente de la
degradación, es decir, el 30 de julio de 1811. La rapidez de los hechos
muestra, nuevamente, la estrecha colaboración que existía entre autoridades
civiles y religiosas, algo que era visto con cierta normalidad en aquella
época histórica.

Aunque la mentalidad moderna, sobre todo por influjo del Iluminismo, considera
que debe existir una neta separación entre las esferas eclesiástica y civil
(estatal), en los primeros años del siglo XIX todavía seguía en vigor la
praxis de una estrecha colaboración entre ambas, si bien con la conciencia de
que se trataba de dos realidades diferentes (de lo contrario no habría habido
dos procesos separados).

Puede ser discutido si la condena a Miguel Hidalgo fue o no fue justa según
las leyes de aquel tiempo. Pero antes de discutir sobre este punto vale la
pena un estudio adecuado de los documentos históricos de aquella época y de
la mentalidad que orientaba las decisiones de los distintos protagonistas
implicados en los hechos. Sólo entonces tendremos los elementos necesarios
para formarnos un juicio equilibrado sobre la mayor o menor validez de las
razones de unos (las autoridades) y de otros (los que se levantaron contra
ellas).

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13 sept 2010

LA PATRIA EN CONSTRUCCIÓN

Inauguran Galería de Palacio Nacional con México 200 años. La patria en construcción

Adrián Figueroa | Culturas/ crónica

Inicio. La sala denominada Banderas que hicieron historia abre la muestra México 200 años... Foto: Notimex

La muestra México 200 años. La patria en construcción, que inaugura la Galería de Palacio Nacional, evoca el pasado de nuestro país, su lucha por la Independencia, el cambio de rumbo en la Revolución y, sobre todo, el sentir y visión de una nación en constante movimiento.
Sus 515 piezas, entre banderas, esculturas, documentos como Los Sentimientos de la Nación o la partitura original de Himno Nacional, son el periplo al pasado que desemboca en el presente y, como definió el conservador de Palacio Nacional, Miguel Ángel Fernández, “este es un recorrido emotivo y portentoso. La construcción de la patria no termina aún”.
En la ceremonia, antes de que el presidente Felipe Calderón inaugurara la muestra, que abrirá al público el 20 de septiembre, Fernández Villar aseguró que el olvido ha provocado muchas de las tragedias de la humanidad y, por ello, se debe honrar a quienes lo merecen. Y eso justifica el nacimiento de galerías, como ésta, “porque son los palacios del pueblo. Palacio Nacional refrenda ese anhelo este 2010”.
Y en este nuevo palacio para el pueblo, alberga nuestra historia que inicia con 40 estandartes usados en diferentes tiempos y distintos hombres. Es el pasillo que alberga la primera sala: Banderas que hicieron historia donde una de éstas, de la Revolución mexicana destaca por su importancia: la del Ejército Constitucionalista.
Así el recorrido, o viaje a la historia, se encontrará en cada sala, con su tiempo y sus personajes cuadros, armas, esculturas que trasportan y ofrecen la riqueza y grandeza del pasado nacional.
De ese pasado habló el presidente Felipe Calderón en su discurso. Pero antes, pidió guardar un minuto de silencio en memoria de los hombres destacados que se han ido: Carlos Montemayor, Carlos Monsiváis y Germán Dehesa.
Porque, dijo, la dignidad de un pueblo se expresa al recordar y honrar a su pasado, su historia y su símbolo. Pero también señaló que esta celebración, significa discutir sobre la riqueza de nuestra historia, hecha por mujeres y hombres, pero no de santos ni de demonios, sino simplemente una historia de mexicanas y mexicanos con virtudes y defectos, con gran des aciertos y errores, pero al final hicieron la historia de nuestra gran nación.
Ahora, añadió el presidente Calderón, la Galería de Palacio Nacional será un legado para las futuras generaciones y la primera exposición resalta el orgullo nacional y recuerda la grandes luchas para lograr el país libre que somos y en democracia.
Y esto es lo que muestra el primer piso de Palacio Nacional: a Miguel Hidalgo y Costilla, a José María Morelos y Pavón, a Josefa Ortiz de Domínguez , a Leona Vicario, a todos los hombres en cuadro, bustos, o mediante sus objetos personales, como el sable y la casaca de Morelos.
A la niña Leona Vicario, con cinco años, en el cuadro de Domingo Ortiz de 1893; a conocer el Acta de Independencia, la pintura de Francisco de Goya, donde muestra a Gaspar Melchor de Jovellanos.
Pasar por la vieja ametralladora Dr. Gatling de 1862 al fastuoso cuadro de Porfirio Díaz en el Castillo de Chapultepec, o la Entrada de Francisco I Madero al Zócalo.
Todos esos momentos que se eternizaron mediante objetos o el cuadro de Francisco Villa con su esposa, a la sala especial para el pintor Diego Rivera. Es el México de 1810 a 2010 en todos sus formas, desde la guerra al arte.
Sin embargo, la sala que más impacta es la que alberga al Mausoleo de los Héroes Patrios y el antiguo recinto parlamentario. Ahí están los restos de los próceres que nos dieron patria y a un lado, el parlamento, la vida democrática e independiente del país.

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7 sept 2010

CENTENARIOS VERACRUZ

COMISION DEL ESTADO DE VERACRUZ PARA LA CONMEMORACION  DE LA INDEPENDENCIA NACIONAL Y DE LA REVOLUCIÓN MEXICANA

La guerra de Independencia fue un movimiento que cambió la vida de toda la nación y Veracruz tuvo una participación especialmente importante, debido a su situación geográfica a lo largo de las costas del Golfo de México y por ser el principal puerto marítimo, territorio donde se desarrollaban las actividades que más dividendos y riqueza generaban en toda la Nueva España. Así, nuestro estado se convirtió en un elemento estratégico e indispensable para la conducción de la guerra tanto para insurgentes como para realistas.

Ruta de la Independencia

1. Mocambo
Desde la época colonial, la punta de Mocambo albergó una de las baterías que vigilaban la entrada de buques al puerto de Veracruz. Durante la guerra de 1810, la guarnición se pasó al bando insurgente y luego regresó a la orden virreinal. En junio de 1821 las tropas se pronunciaron por el Plan de Iguala. Una vez que las tropas españolas abandonaron el puerto y se refugiaron en la isla de San Juan de Ulúa, desde Mocambo se evitó un posible desembarco de tropas españolas. El sitio sobre San Juan de Ulúa duró cuatro años.

2. Boca del Río
Durante la época colonial, los habitantes de Veracruz consumían el agua del río Jamapa, y los buques que zarpaban del puerto forzosamente tenían que hacer “aguada” en Boca del Río. Desde el 26 de agosto de 1812 los habitantes de este lugar se unieron a la insurgencia y con ello cerraron el cerco sobre la ciudad. A las tropas del rey les fue muy difícil pacificar a esta población.

3. Maltrata
El 6 de marzo de 1812, los aguerridos habitantes del pueblo de Maltrata, encabezados por el padre Mariano de la Fuente, se insurreccionaron en contra de las autoridades españolas radicadas en Tehuacán. El 16 de mayo de 1814 los habitantes de Maltrata se indultaron con la condición de poder elegir su primer ayuntamiento liberal mediante el voto popular.

4. Zongolica
El 11 de marzo de 1812, el pueblo de Zongolica se levantó en armas en contra de las autoridades realistas. En primer lugar, sus habitantes destituyeron a los españoles de los cargos públicos, los aprehendieron y decomisaron sus bienes. Más tarde formaron un gobierno americano. Al frente de la rebelión estuvo el cura, párroco Juan Moctezuma y Cortés. El 28 de mayo del mismo año, los indígenas de Zongolica se unieron a los de Maltrata y vencieron a las tropas realistas que defendían la plaza de Orizaba.

5. Naolinco
Sus habitantes por tradición se dedicaban a la arriería y el comercio. Fue uno de los principales bastiones insurgentes encabezado por Francisco Rivera, “el naolinqueño”. El pueblo proveía a la insurgencia de víveres, maíz, carnes y galletas, además de arrieros, bueyes, mulas y reclutas. En este lugar los rebeldes formaron una junta de gobierno. El 14 de julio de 1812, el ejército realista ocupó la población y arrasó con todo lo que pudo. Una vez que las tropas abandonaron el pueblo, los habitantes formaron otro gobierno insurgente.

6. Puente del Rey, hoy Puente Nacional
Se terminó de construir en el año de 1806. Fue un punto estratégico tanto para realistas como para los insurgentes por ser paso obligado entre Veracruz y tierra adentro. El general insurgente Nicolás Bravo se fortificó en este lugar y con ello controló el comercio y previó de recursos a la insurgencia. El 8 de diciembre de 1815, después de fuertes combates, las tropas del rey se apoderaron del puente.

7. Alvarado
Durante la guerra, los insurgentes lo habilitaron como puerto para introducir víveres, caballos y municiones (balas, fusiles, espadas y pistolas) procedentes de Nueva Orleans. El 4 de junio de 1812, el gobernador de Veracruz encargó al teniente de fragata Gonzalo Ulloa someter al pueblo y evitar el ingreso de más rebeldes a la cuenca. De 1821 a 1824, junto con Antón Lizardo, funcionó como aduana durante las hostilidades entre el puerto de Veracruz y la fortaleza de San Juan de Ulúa.

8. Papantla
En enero de 1812, los indígenas encabezados por Serafín Olarte se pronunciaron por la insurgencia y formaron un gobierno americano e independiente. Durante dieciocho meses ejercieron el poder sin que los blancos y mestizos pudieran evitarlo. Su ejemplar desempeño alentó a las poblaciones cercanas a seguir el ejemplo de la población más importante.

9. Nautla
En diciembre de 1812, el general Nicolás Bravo habilitó en la barra de Nautla un puerto comercial con Nuevo Orleans. Desde este lugar llegaban pólvora, armas y municiones para los insurgentes mexicanos. Las campañas realistas en contra de los insurgentes de Nautla iniciaron en agosto de 1815 y se prolongaron hasta el 24 de febrero de 1817.

10. Chachalacas
Los habitantes de San Carlos Chachalacas se mantuvieron en pie de guerra por varios años bajo el mando de “El Chino Claudio” y “El Negro Félix”. En enero de 1816, el realista Fernando Miyares ocupó la plaza por primera vez. Le fue muy difícil llegar hasta el lugar porque el camino había sido bloqueado con troncos, lo que impidió el paso a la caballería y la artillería. Tampoco pudo capturar a los jefes.

11. Coyuxquihui
Desde 1812 hasta enero de 1821, los insurgentes de Coyuxquihui se mantuvieron en pie de guerra. Fue uno de los grupos armados que más dolor de cabeza dio a las tropas del rey. Por más intentos que hicieron para someterlos nunca lo lograron. En 1821, junto con los habitantes de San Miguel y El Cepillo eligieron su primer ayuntamiento liberal mediante el voto popular.

12. Córdoba
En la época colonial, Córdoba fue uno de los núcleos urbanos más importantes de la provincia de Veracruz. Durante la guerra de 1810 se mantuvo fiel a la corona española. En cambio, las poblaciones aledañas se mostraron partidarias de la insurgencia. El 24 de agosto de 1821 la villa recibió al jefe del Ejército Trigarante, Agustín de Iturbide y al representante de las Cortes Españolas, jefe superior político y capitán general de la Nueva España, Juan de O‘Donojú. Con la firma de un “Tratado” entre ambos dignatarios se consumó la Independencia de México.

13. Perote
Por tener un clima sano y seco, con abundancia de recursos naturales y su estratégica ubicación, el pueblo de Perote fue elegido por la corona española para erigir la fortaleza de San Carlos, un monumental edificio para el resguardo del arsenal militar de la Nueva España. Durante la Guerra de Independencia, los insurgentes no pudieron ocuparla. En julio de 1812 fue descubierta una conspiración encabezada por el sargento José Miguel Aguado para fusilar a todos los soldados europeos. El 14 de marzo de 1821, la guarnición de Perote fue la primera en adherirse al plan de Independencia mexicano, jurado en el pueblo de Iguala.

14. Coscomatepec
Su población se insurreccionó en marzo de 1812 bajo el mando de José A. Bárcena. Una de las hazañas más importantes del general Nicolás Bravo en la provincia de Veracruz ocurrió en Coscomatepec. Aquí se burló de las tropas realistas. Desde el 13 de junio de 1813 fortificó el pueblo y durante cuatro meses aguantó el sitio. Las tropas de Bravo abandonaron el pueblo sin que los enemigos se dieran cuenta de ello.

15. Ciudad y puerto de Veracruz
Durante la guerra de 1810, la plaza de Veracruz se mantuvo fiel a la causa realista. Aún cuando la guerra en el resto de la Nueva España había terminado en 1821 con la ocupación de la ciudad de México por parte de las tropas trigarantes, en Veracruz, por el contrario, la situación se tornó más crítica y las hostilidades se prolongaron hasta el 18 de noviembre de 1825, fecha en que las tropas realistas capitularon y rindieron la plaza.

16. Huatusco
En octubre de 1811, hubo un primer levantamiento armado que fue sofocado. Luego, en marzo de 1812 la población se volvió a insurreccionar en contra de las autoridades españolas. Por su estratégica ubicación geográfica, cerca de las villas de Córdoba y Orizaba, los insurgentes establecieron su capital provincial, con un sistema de tributación, un modelo de defensa diseñado a partir de fortificaciones, organización de un ejército permanente y con la habilitación de dos puertos marítimos abiertos al comercio exterior: Nautla y Boquilla de Piedras.

17. Medellín
El general Nicolás Bravo fue el primer jefe insurgente en entender la importancia estratégica de la provincia de Veracruz para la conducción de la guerra. Cuenta la historia que Bravo estaba en su cuartel de Medellín cuando recibió una carta de Morelos en la que le daba la triste noticia de que su padre, preso en la ciudad de México, había sido ejecutado el 13 de septiembre de 1812, debido a la negativa de sus hijos, hermanos y demás familiares a acogerse a la gracia del indulto. En la misma carta, Morelos lo autorizaba para que, en respuesta, fusilara a los 300 prisioneros que tenía en su poder; en vez de ello, este jefe los puso en libertad y la mayoría de ellos se pasaron a las filas insurgentes.

18. San Juan de Ulúa
En Veracruz, la guerra contra España no terminó en 1821, como ocurrió en la mayor parte de Nueva España, por el contrario, su situación se tornó más crítica y las hostilidades se prolongaron hasta 1825, año en que los europeos fueron expulsados de la fortaleza de San Juan de Ulúa. Este recinto histórico formó parte del escenario de guerra entre americanos y españoles en la lucha por la independencia de México. El 18 de noviembre de 1825 el ejército español sucumbió ante el poderío de las tropas mexicanas.

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5 sept 2010

EL PAÍS QUE SOÑARON LOS INSURGENTES; LA IDEAS DETRÁS DEL MOVIMIENTO DE INDEPENDENCIA

El país que soñaron los insurgentes; las ideas detrás del movimiento de Independencia

Bertha Hernández | Nacional/ La Crónica

Domingo 5 de Sep., 2010 |

Documento. El Sentimiento de la Nación número 22 proponía quitar “la infinidad de tributos, techos e imposiciones que nos agobian”. Foto: Archivo

En el fragor de las batallas por la independencia fue que las ideas tomaron cuerpo y sangre. Eran hijas del pensamiento efervescente de fines del siglo XVIII y de principios del XIX, expresado en cartas, papeles volantes, impresos, hasta “frívolas” comedias, que hablaban de la posibilidad de vivir de otro modo. Era natural que, progresivamente, surgieran los escritos decisivos, donde se hablaba de independencia, de religión, de cómo habría de ser el país que habría de ser independiente y libre.
HIDALGO: LIBERTAD E IGUALDAD. Caro objetivo ese de la libertad, tan distinto a lo que los mexicanos del siglo XXI entendemos con la misma palabra. No extraña que los bandos de Hidalgo se aplicasen a estos dos valores con un sentido práctico. El “fino teólogo” aspiraba a beneficios concretos e inmediatos que implicaban la transformación radical del reino: la igualdad, por principio de cuentas, que ordenaba la desaparición de los esclavos y de ese abigarrado complejo socio-racial que se conoció como “castas”, miserables entre los miserables, sin grandes expectativas de transformar sus existencias.
Similar era el principio que animaba al cura de Dolores a hablar de libertad: imaginó a los novohispanos libres de hacer, libres de decidir, hasta libres de comer ciertos alimentos proscritos (como el amaranto) o de producir pólvora como un oficio más; libres de pagar tributo por el sólo hecho de nacer indio, libres de producir vino y las “demás bebidas prohibidas” y con ello ganarse la vida, libres de cultivar tabaco y beneficiarse de su venta. No eran delirios de incendiario; eran objetivos de un hombre que llevaba años mirando cómo los más pobres de los novohispanos estaban impedidos de alcanzar el bienestar.
MORELOS, ESTADISTA. José María Morelos, al erigirse como el gran caudillo del movimiento insurgente, a la muerte de Hidalgo y de Allende, dio un paso más: en el documento que le ganó la calidad de estadista, los Sentimientos de la Nación (1813), enunció la idea de una América “libre, independiente de España y de toda otra Nación”. Este punto se reflejaría en la declaración de independencia del Congreso de Chilpancingo, de noviembre de ese mismo 1813.
En el pasado reciente, algunas voces han cuestionado el que, al escribir los Sentimientos de la Nación, Morelos propusiera que “La religión católica sea la única, sin tolerancia de ninguna otra” (segundo Sentimiento). Pero no podía ser de otra manera. Aunque ya se ha apuntado que Morelos no era, como muchos otros curas novohispanos, modelo de vocación religiosa, era más que consciente de lo que juzgaba las necesidades espirituales de los americanos. La fe católica formaba parte del mundo, de manera necesaria. Además, al paso de los años, el estudio de este documento fundamental muestra que ese segundo Sentimiento, colocado como una de las premisas iniciales, no es, ciertamente, el más importante, a diferencia de otros puntos del texto.
Los deberes de los gobernantes fueron, para esa nación en ciernes, materia primordial. Morelos completó la idea de igualdad y la asoció a la idea de un buen gobierno, que fuera justo y equitativo, como propone el doceavo Sentimiento: “Que como la buena ley es superior a todo hombre, las leyes que dicte nuestro Congreso deben ser tales, que obliguen a constancia y patriotismo, moderen la opulencia y la indigencia, y de tal suerte aumente el jornal del pobre, que mejore sus costumbres, alejando la ignorancia, la rapiña y el hurto”. Ese país que delineaba Morelos, donde “sólo distinguirá a un americano de otro el vicio y la virtud”, ha tardado en construirse, pero no, ciertamente, por falta de ideas de aquellos insurgentes.

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1 sept 2010

IGLESIA E INDEPENDENCIA

Autor: Mons. Felipe Arizmendi Esquivel | Fuente: Diócesis de S. Cristóbal de las Casas
Iglesia e Independencia

La fe católica no puede desentenderse de la vida cotidiana de los fieles y de su contexto histórico. Para un creyente la historia humana es y será siempre una historia de salvación.

VER
México celebra el bicentenario de su independencia. Los obispos no podemos ser ajenos a este acontecimiento, y hemos analizado cuál fue la participación de la Iglesia Católica en el proceso libertario, con sus luces y sus sombras. Amamos profundamente nuestra patria y queremos colaborar a su bienestar.
Elaboramos una carta pastoral titulada “Conmemorar nuestra historia desde la fe, para comprometernos hoy con nuestra patria”, en que reconocemos los errores del pasado, ubicándolos en su contexto histórico, e invitamos a no quedarnos sólo en fiestas conmemorativas, sino seguir luchando por la justicia y la libertad. Se puede consultar en la página de la CEM: www.cem.org.mx
JUZGAR
Entre otras cosas, decimos: “No podemos dejar de reconocer que en los anhelos más profundos del corazón humano están el ideal de la justicia y de la libertad para todos los hombres. Muchos miembros de la Iglesia acogieron y alimentaron con entrega generosa estos anhelos, aunque con los excesos que toda lucha armada suele llevar consigo. Tampoco faltaron resistencias de eclesiásticos y laicos, convencidos de la importancia de conservar lo que ellos consideraban legítimo, incluidos los privilegios que la Corona propiciaba, y que pensaban eran indispensables para su misión. Hoy, lo que la Iglesia celebra es el don de la libertad, lo agradece y se esfuerza por preservarlo y enriquecerlo.
La Iglesia en México participó activamente en todos esos hechos de manera protagónica, ya que los más notables iniciadores y actores fueron miembros del clero y el pueblo era mayoritariamente católico.
Numerosos católicos, como fieles discípulos de Jesucristo, empeñaron su vida en la conquista de esta libertad. Miguel Hidalgo, José María Morelos y muchos otros fueron sacerdotes, quienes, más allá de sus cualidades y limitaciones humanas sirvieron de instrumento a la Providencia para iniciar la Independencia Nacional y favorecer así la constitución de la nueva Patria Mexicana. Como creyentes, en aquellas circunstancias específicas, lucharon por los valores de la libertad y la igualdad, y dieron voz al reclamo de justicia de un pueblo sumido en la pobreza y la opresión, largamente padecida. Su ministerio sacerdotal, del cual nunca renegaron, los acercó a los dolores de este pueblo y los movió a promover sus derechos, incluso tomando las armas, camino que no siempre se justifica, menos en nuestros tiempos en los que contamos con múltiples instituciones e instrumentos jurídicos para resolver los conflictos en diálogo y caminos de paz.
No fue fortuito el que el símbolo escogido por el movimiento libertario fuera el estandarte de Santa María de Guadalupe que, años más tarde, sería proclamada por Morelos como “ La Patrona de Nuestra Libertad”. Ciertamente, sin el ingrediente religioso, este movimiento o no se hubiera producido o habría tomado otro rumbo.
Somos conscientes de que el Episcopado de entonces reprobó el movimiento libertario como sedición, usando incluso del anatema. La Inquisición por su parte lo declaró como herejía. La razón última de esto estribaba en la sujeción de la Iglesia a la Corona española. A pesar de ello, el proceso de Independencia fue un movimiento político y social con profunda raigambre religiosa católica que, dentro del dramatismo de los hechos y sus excesos, es una herencia noble y rescatable que debemos agradecer”.
En otros artículos, retomaré lo de las excomuniones a Hidalgo y Morelos.
ACTUAR
“La fe católica no puede desentenderse de la vida cotidiana de los fieles y de su contexto histórico. Para un creyente la historia humana es y será siempre una historia de salvación. Recogemos los hechos más significativos del pasado que queremos conmemorar, e invitamos al diálogo sereno y objetivo con el fin de alcanzar un mayor esclarecimiento de estos sucesos que nos atañen a todos, y de los cuales somos de una u otra manera herederos. Los acontecimientos históricos están ahí y nadie debe negarlos o desvirtuarlos. Es preciso reconocerlos, esclarecerlos, juzgarlos con criterios objetivos, para comprendernos mejor”.
+ Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo de San Cristóbal de Las Casas

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29 ago 2010

PLEITOS IDEOLÓGICOS Y ERRORES BUROCRÁTICOS …

… sumieron en el olvido al insurgente Pedro Moreno, aliado de Mina y flama de la Independencia en Jalisco y Guanajuato

Bertha Hernández | Nacional7Crónica

Domingo 22 de Agosto, 2010 |

Caudillo. Pedro Moreno se volvió, tras la muerte de Morelos, uno de los líderes que sostenían la lucha insurgente. Foto: Archivo

01:50 1925: entre las prisas, se quedan fuera los nombres de dos caudillos
01:50 Glorias y hechos de Víctor Rosales

Aunque fue homenajeado como benemérito de la patria desde 1823, Pedro Moreno, nativo de Lagos, es menos conocido que el resto de los caudillos insurgentes. Es una de esas historias donde se han sumado las luchas ideológico-políticas con los errores y las prisas. Su nombre se omitió, en 1925, de las placas de los sepulcros en la columna de la Independencia, porque faltaba tiempo y se acercaba la fecha del traslado.
Pedro Moreno (1775-1817), nacido en Lagos, se sumó a la lucha insurgente hacia 1813 o 1814. A la larga, este hacendado próspero que resolvió abandonar su vida cómoda para volverse independentista, se convertiría en el gran aliado de Xavier Mina.
Su radio de acción eran las cercanías de su hacienda de La Sauceda, en lo que hoy es la frontera entre los estados de Guanajuato y Jalisco. Sus acciones de armas llegaban hasta Zacatecas y se le conocía en las poblaciones guanajuatenses. Refugiado en la sierra, donde libraba guerrillas como en otras regiones lo hacían Vicente Guerrero y Guadalupe Victoria, construyó el Fuerte del Sombrero, escenario de sus planes conjuntos con Mina.
Allí sufrieron el asedio de Pascual Liñán que terminó en muerte y derrota para los insurgentes; murieron fusilados 200 de los soldados de infantería de Moreno. En fuga, llegarían al Rancho del Venadito, donde la traición facilitó un ataque inesperado que terminó con la campaña de Mina y desbarató el núcleo insurgente de la región. Con espada en mano, Pedro Moreno dejó la vida en una acción militar que le valió al Virrey Apodaca el título nobiliario de conde de El Venadito.
El destino de la cabeza de Pedro Moreno es incierto. Los testimonios lo retratan enfrentando el sorpresivo ataque que le costó la vida a él y a Xavier Mina. Como Moreno muere peleando con las tropas enemigas, al caer, su cuerpo es decapitado y la cabeza se lleva como trofeo de guerra. Lucas Alamán negará después el hecho, pero la mayor parte de los testimonios coinciden. Años después, a la hora de exhumar los restos de Moreno, ya no fue posible dar con la cabeza; algún pariente la había rescatado y sepultado.
En este año de centenarios, algunas huellas del insurgente de Lagos resurgen. Por exigencia de estudiosos y políticos jaliscienses, el nombre de Moreno será colocado en la cripta de la columna de la independencia donde permaneció 85 años sin nada que hiciese constar que el monumento porfiriano era también su tumba.
Hará cosa de un año que Moreno, encarnado en la figura del actor Pedro Armendáriz Jr...., está al alcance de los aficionados a las películas históricas en el filme Mina, Viento de Libertad, de 1976, y dirigida por Antonio Eceiza y que ahora se puede encontrar en formato DVD.
La serie de monedas conmemorativas del Bicentenario del inicio de la Independencia, emitidas por el Banco de México, también incluyen su efigie, al igual que la serie iconográfica diseñada por el gobierno federal.
En ambos casos, solamente se ha recuperado la descripción general que de él se ha transmitido a través de los años: “de alta estatura, robusto, casi obeso, de color blanco, de ojos grandes y negros, barba espesa y cabello castaño oscuro, de movimientos graves y finos modales.”
Quizá uno de los hallazgos editoriales relevantes de estos días da más elementos para
leer, desde la mirada de sus paisanos de Lagos, la figura de Moreno: la colección “Summa Mexicana”, a cargo del poeta e investigador Vicente Quirarte, ha rescatado un “curioso libro”, como decían los decimonónicos: Viaje a las ruinas del Fuerte del Sombrero, del cura liberal e historiador Agustín Rivera, donde se cuenta el viaje que el erudito laguense hizo, en 1875, a lo que quedaba del Fuerte del Sombrero, principal fortificación de las fuerzas de Mina y Moreno. Ahora que el Viaje… vuelve a editarse, Sergio López Mena, prologuista de la nueva edición, también viajó a las ruinas del fuerte.
Ahí siguen, ahora ahogadas por las aguas de la presa de la Sauceda, las ruinas del fuerte y de la hacienda del insurgente jalisciense. En su tierra, circulan algunas biografías novedosas que debieran circular para devolverle la humanidad.

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1925: ENTRE LAS PRISAS, SE QUEDAN FUERA LOS NOMBRES DE LOS CAUDILLOS

1925: entre las prisas, se quedan fuera los nombres de dos caudillos

Bertha Hernández | Nacional/ La Crónica

Domingo 22 de Agosto, 2010 | Hora de creación: 01:50| Ultima modificación: 02:37

El reportero de El Universal Fernando Ramírez de Aguilar, que solía firmar como Jacobo Dalevuelta, andaba a las vivas en ese septiembre de 1925. Seguía con tenacidad los elementos que consolidaran sus afirmaciones ya publicadas: los restos de José María Morelos habían sido robados. El asunto tenía más vueltas de las que en un principio se figuró el reportero oaxaqueño, porque, más preocupado por probar su dicho, no reparó en el traslado y manejo de los restos de los demás caudillos de la insurgencia.
Orgulloso, presumió la exclusiva que llevaba a su periódico: hurgando en los archivos del Museo Nacional, Dalevuelta rescató y publicó “por primera vez en México” el croquis que, de ser cierto, mostraba el ordenamiento de los restos de los caudillos insurgentes en la cripta de Catedral.
Atenido al “cartón”, Dalevuelta se encontró con que era una sola urna para los restos de siete personajes: Xavier Mina, Víctor Rosales, Mariano Jiménez, Pedro Moreno, Ignacio Allende, Miguel Hidalgo y José María Morelos. En resguardo aparte, estaban los despojos de Mariano Matamoros.
Llama la atención que el reportero Dalevuelta, que firmó su compilación sobre el tema, “La odisea de los restos de nuestros libertadores” (Secretaría de Educación Pública, 1925), ostentándose como miembro activo de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística y de la Sociedad para el Estudio de la Historia Local de México, hubiera pasado por alto una de las normas de la historia y del periodismo: verificar la información.
Si lo hubiera hecho, se habría dado cuenta de la imprecisión del documento: además de mencionar la osamenta completa de Morelos, dato que Dalevuelta sencillamente desechó, el croquis aseguraba que, en cuanto a los restos de Rosales y Moreno, los primeros estaban enteros, junto a “toda la hosamenta (sic) del Exmo. Sr. General Don Francisco Xavier Mina”, y en cuanto a Moreno, quedaba “un pedazo de casco de calavera y otros huesos”. El pequeño problema consistía en que los testimonios de 1817 y la respetabilísima obra coordinada a fines del siglo XIX por Vicente Riva Palacio México a través de los siglos coincidían: la cabeza de Moreno nunca pudo recuperarse y los restos que llegaron a la catedral en 1823 precisamente carecían de cráneo. Pero Dalevuelta, como estaba concentrado en el asunto de los restos de Morelos, concluyó que el cráneo marcado con una “M” pertenecía a Pedro Moreno y así lo publicó.

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LOS RESTOS ROBADOS: HISTORIA DE UNA INVENCIÓN EXITOSA

 

Bertha Hernández | Nacional/ La Crónica

Domingo 15 de Agosto, 2010 |

“Fui el primero en proclamar la desaparición de los restos del héroe máximo de la Guerra de Independencia... don José María Morelos y Pavón, vencedor en Oaxaca. Una vez en pie el asunto, me sirvió, generosamente para mi investigación: en primer lugar mi distinguido amigo el culto historiador don Luis González Obregón, y después los periodistas retirados don Ángel Pola y don Aurelio J. Venegas”. Así presumía, en 1925, el reportero Fernando Ramírez de Aguilar, a quien se le conoce más por su nombre de guerra periodístico: Jacobo Dalevuelta (1887-1953). Así nació una invención periodística tan exitosa, que cada tanto vuelve a resurgir.
“Volar”, se dice en el argot de las redacciones: es inventar, crear una historia que a veces toca los linderos de lo inverosímil, pero que, con suerte, funciona, cunde y se reproduce. “Volar” es cruzar esa franja que separa el buen periodismo de la literatura, con efectos más dramáticos que noticiosos.
Pero Dalevuelta pertenecía a una generación en la que los huecos de la información, derivados de la inexistencia de grabadoras, se llenaban con una buena pluma y mucha inspiración.
Cercana la fecha del traslado de los restos de los caudillos de la insurgencia, de la Catedral Metropolitana a la Columna de la Independencia, Dalevuelta, en entrevista con uno de los responsables del traslado, se enteró de una versión que era casi una leyenda urbana de la época: había “dudas” de que los restos del cura de Carácuaro estuvieran en la capilla de San José, a donde se habían trasladado los despojos mortales de los caudillos insurgentes en 1895. Hoy sabemos, gracias a las indagaciones de un equipo dirigido por el investigador Salvador Rueda Smithers, que, en ese 1895, ya había elementos para detectar que los primeros funerales, ocurridos en 1823, no se habían caracterizado por un orden extremo, y propiciado que algunos de los restos se revolvieran.
Dalevuelta entrevistó a dos leyendas del periodismo decimonónico que aún vivían: Pola y Venegas. Ellos, junto con González Obregón, habían atestiguado en 1895 lo que llamaron “la revoltura de huesos” y así lo declararon. Pero González Obregón, que en 1925 tenía ya 66 años, detonó la sed de ocho columnas de Dalevuelta: el reportero no reparó en la idea de la confusión entre restos. En cambio, algo se le grabó en la mente: “es posible que [Juan Nepomuceno] Almonte, durante sus épocas de poderío, haya bajado secretamente a la cripta y haya recogido los restos, haciéndolos desaparecer; enterrándolos en algún sitio...”. Eso fue suficiente para que Dalevuelta corriera a publicar su hallazgo. Fue tan buena su “volada”, que ha dado, a lo largo de 85 años para nuevas planas de periódicos, investigaciones, viajes y conclusiones parciales, como las de todo investigador profesional que, conforme pasa el tiempo, adquiere más datos y puede replantear sus afirmaciones. Así es esto de la historia. Y así es esto del periodismo.

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26 ago 2010

EL ORIGEN DE LOS ESTADOS UNIDOS MEXICANOS

El nombre de México tiene una trayectoria previa al surgimiento de la nación en el siglo XIX. Su origen es prehispánico, limitado al de las ciudades lacustres de Tenochtitlan y Tlatelolco, como explica Alfredo Ávila de la Universidad Nacional Autónoma de México

 nopalluna

Por Tomado de internet / El País

Dia de publicación: 2010-08-25

Estados Unidos Mexicanos es el nombre oficial del país conocido como México. La primera denominación resalta el pacto federal, mientras que la segunda pone énfasis en la nación, origen de la soberanía, según la Constitución. Parece evidente la tensión entre estas proposiciones, en particular porque ambas se encuentran en el mismo documento. Sin embargo, la tensión es antigua y se deja sentir menos, aunque en 1993 se manifestó en una polémica en la prensa entre quienes proponían modificar la denominación oficial por considerar que "México" era el nombre auténtico de la nación y aquellos que defendían las soberanías estatales y argüían que el cambio respondía a intereses comerciales estadounidenses. La polémica no pasó de la prensa.

El nombre de México tiene una trayectoria previa al surgimiento de la nación en el siglo XIX. Su origen es prehispánico, limitado al de las ciudades lacustres de México Tenochtitlan y México Tlatelolco. La etimología parece hacer referencia al asentamiento en medio de un lago: Mexi es la luna o el centro del maguey, co significa "en donde está". Tras la conquista española del siglo XVI, la ciudad que sirvió de cabeza al reino de Nueva España fue llamada México, por lo que se podía usar ese nombre para todos los dominios que se gobernaban desde esa capital. Muy pronto se pueden hallar referencias al Seno Mexicano (el Golfo de México) y en 1590 el Orbis terrarum de Petrus Plancius señalaba a toda la parte norte del Nuevo Mundo como "America Mexicana", es decir, eran regiones que dependían de la ciudad de México.

Período colonial

A finales del siglo XVIII, Francisco Xavier Clavijero publicó su Storia antica del Messico, lo que contribuyó a llamar con este nombre a los dominios españoles en América del Norte, en especial en Europa y en Estados Unidos. Sin embargo, el término "mexicano" se usó durante el periodo colonial únicamente para designar a las personas que vivían en la ciudad de México o a quienes hablaban náhuatl, la "lengua mexicana", y no para la generalidad de los habitantes de Nueva España. El vocablo "novohispano" fue inventado en el siglo XX, de modo que nunca nadie lo empleó para identificarse.

Estas puntualizaciones son pertinentes, porque durante el proceso que condujo a la independencia del país, no hubo una única manera de nombrarlo. Miguel Hidalgo siempre se refirió a "este reino" o a "esta América". Por su parte, José María Morelos usó el nombre "América Mexicana", que se ve en el Decreto Constitucional de 1814. No obstante, en los papeles de los dos dirigentes de la insurgencia hay referencias a los "apáticos mexicanos" o los "cobardes mexicanos", es decir, a los habitantes de la capital virreinal.

Los términos "Estados Unidos Mexicanos" y "República Mexicana" fueron empleados por vez primera por los insurgentes de Texas, quienes se hallaban muy influidos por los estadounidenses. En 1821, el Tratado de Córdoba firmado entre el jefe político Juan O'Donojú y Agustín de Iturbide señaló que "esta América se reconocerá como nación soberana e independiente y se llamará en lo sucesivo imperio mexicano".

Servando Teresa de Mier advirtió que "llegará el tiempo en que todos los nombres europeos desaparecerán de los países trasatlánticos y se restituirán los antiguos". No bien conseguida la independencia, el de "Nueva España" fue olvidado. Entre 1821 y 1824 "Anáhuac" (náhuatl: tierra rodeada de agua) convivió con "México" en impresos y proyectos constitucionales. Mier se dio cuenta de que el segundo se impondría, por ser la capital del nuevo país, lo que en efecto sucedió cuando el Congreso decretó la Constitución Federal de los Estados Unidos mexicanos.

Por: ALFREDO ÁVILA

http://www.elpais.com/articulo/internacional/origen/Estados/Unidos/Mexicanos/elpepuintlat/20100825elpepuint_8/Tes

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16 ago 2010

FOTOS REVOLUCIONARIAS, ESPOSAS DE LOS HÉROES PATRIOS

   De10.MX

Las mujeres de personajes como Pancho Villa y Emiliano Zapata impulsaron a sus maridos a luchar por sus ideales durante la época de la Revolución

Por: Rodrigo Fraga | 2010-08-15 | 18:55 El Universal

La Revolución Mexicana fue una lucha que sacudió al país durante las décadas de 1910 y 1920. Políticos, pensadores y líderes se enfrascaron en una disputa para cambiar el destino de la nación.

El suceso dejó sufrimiento en las familias de los hombres que dieron su vida en la lucha de ideales. Entre las afectadas, se encontraban las esposas de los héroes patrios, quienes siempre apoyaron a sus maridos. De10.mx presenta una lista de las mujeres detrás de los personajes históricos de México, quienes formaron parte importante de la época revolucionaria.

Sara Pérez Romero. Esposa del presidente de México Francisco I. Madero. Se le conoció como "La Primera Dama de la Revolución". Fue hija del hacendado Macario Pérez y de su esposa Felipa Romero.A principios de 1893,  fue enviada al aristocrático Colegio de Notre Dame, en San Francisco, California; donde conoció a Mercedes y Magdalena Madero. Posteriormente, se hizo novia de Francisco I.  Madero, y en 1903 se casaron.

Una vez que dio inicio la Revolución, jamás se le separó. Cuando su esposo fue preso, decidió a irse a vivir con él a la cárcel.  La muerte de Madero la llevó a una profunda depresión, la cual la llevó a refugiarse en Cuba y posteriormente a Estados Unidos.

Josefa Espejo. Nació en San Miguel de Anenecuilco, el 19 de marzo de 1879. Sus padres fueron: Fidencio Espejo Avelar y Guadalupe Sánchez Merino. Fue la esposa del "caudillo del sur", Emiliano Zapata. Su noviazgo con este personaje fue mal visto por muchas personas, pues Espejo pertenecía a una clase adinerada.

La vida de Josefa en los años de la revolución fue un constante escapar, para evitar caer prisionera o muerta en alguna emboscada. A la muerte de Zapata, la mujer ganó el apodo de la "Generala", en honor a su difunto esposo.

Luz Corral. A pesar de que Pancho Villa tuvo alrededor de 18 mujeres, está es la única esposa legítima del "Centauro del norte". La  también conocida como la "Güera" tuvo gran injerencia en las decisiones del general.  Se hizo cargo de todos los niños de Villa, los cuales sumaban alrededor de 12 infantes.

Virgina Salinas Carranza.Fue la esposa de Venustiano Carranza. En 1897, contrajeron nupcias. Durante la Revolución fue un bastión fuerte para este personaje. Posteriormente, se convirtió en Primera Dama cuando Carranza tomó posesión de la presidencia.

Natalia Chacón. Fue esposa de Plutarco Elías Calles. Se casaron en 1899 por el civil y tuvieron 12 hijos. Por los deberes militares de Calles, ocho años duraron separados y durante ese tiempo, Natalia no dejó de reprocharle el abandono y la poca correspondencia. Después de Agua Prieta, se fue con su esposo a la capital. Cuando su marido llegó a la presidencia, se desempeñó como Primera Dama de México hasta el año de 1927, fecha en que murió en Los Ángeles.

María Tapia.Fue la segunda esposa de Alvaro Obregón. Nació el 30 de octubre de 1888 en Guaymas, en el estado de Sonora. Cuando el Gral. Obregón perdió su brazo en una batalla en Celaya, la mujer cuidó con esmero la salud de su marido. Se convirtió en Primera Dama de 1920 a 1924. Se retiró a Huatabampo, a vivir su viudez con una pensión que el otorgaba el gobierno.

Carmen Romero.Fue la segunda esposa del general Porfirio Díaz. Se casó con el ex presidente a la edad de 17 años. Es hija de Manuel Romero Rubio, un viejo enemigo de Díaz. Su matrimonio fue estable y respetuoso, aún cuando la diferencia de edad era evidente.

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