CULTURAL
26 nov 2010
6 ago 2010
AL ESTILO MATHEY
La fiesta del padre Jesús de Jalacingo
Gustavo Cadena Mathey
Buen día, lector:
Son las 6 de la tarde de este viernes 6 de agosto del 2010.
Recién llegué a casa. Fui con mi familia a Jalacingo, donde hoy se festeja la fiesta del Padre Jesús, una celebración religiosa de gran tradición.
Según sus habitantes, data de algo así como 300 años y a la que me hicieron adictos mis amigos Juan Manuel Téllez Roa, su esposa Elia y la familia Pérez Guzmán, de Altotonga, avecindados en Xalapa.
Recuerdo a doña Emilia, el alma mater de estos amigos y las maravillas que hablaba del Padre Jesús.
Ella ahora debe estar en esos imaginables espacios celestiales pero su fe era contagiosa y perdura en el ánimo de su esposo don Elpidio, de sus hijos y sus amigos que anualmente hacen la peregrinación de Xalapa a Altotonga en autobús y de ahí, una caminata de 10 kilómetros hasta Jalacingo.
“Como si fuera el camino de Santiago (de Compostela) en España, dirían Noé Valdés y Melitón Morales, que ya lo han recorrido.
Es un recorrido de hermosos paisajes desde que sale uno por Banderilla, Piletas. Acajete, La Joya, el fantasmal Cerro de León, Villa Aldama y pueblos que uno va pasando.
Este día fue contrastante. Por la mañana soleado y al regreso, una tarde de neblina tupida, aguaceros y un tráfico lento, a vuelta de rueda pero muy agradable a la vista.
Apenas llego, reviso las novedades por el internet y en Crónica del Poder me encuentro con la triste noticia de la partida al más allá del gran periodista Fidel Samaniego Reyes, cronista de los pocos, “el Narigón Cronista” para sus lectores.
Me dolió mucho. Me acordé de un libro que me regaló otro narigón colega: Juan Antonio Nemi, un día que lo sorprendí en una librería con Edmundo Martínez Zaleta, cuando ambos trabajaron para el área de la seguridad pública y escribí (por supuesto en plan de broma) que me había llamado la atención que dos “policías” entraran a tal recinto.
Me acuerdo que el libro es “La Sombra del Viento”, de Carlos Ruiz Zafón, pero no estoy seguro si de ahí viene una mención que alude a que llega el día en que los amigos contemporáneos van cayendo uno por uno y así uno se va enterando no sin alguna sorpresa.
A Fidel el cronista lo conocí en mis andanzas de reportero del Diario de Xalapa, por ahí deben estar algunas menciones de las giras presidenciales, del Presidente Carlos Salinas de Gortari quien a leguas lo distinguía y lo respetaba como periodista y un gran ser humano.
Esa coincidencia me hizo acercarme a Fidel, el periodista.
A diferencia de un divo del periodismo defeño como Reyes Razo, Fidel era un tipo sensible, atento, me consideró su colega, me hizo sentirme su amigo, siempre intenté hacer crónica como él; me platicó de sus raíces chicontepecanas de donde fueron sus padres y de que, a pesar de haber nacido chilango, siempre se sintió veracruzano.
De esto se debe acordar Luis Rodríguez Zavala, de aquella vez cuando en La Antigua había un acto que presidiría Carlos Salinas y le comenté que allí en el templo me encontré meditando a Fidel Samaniego y fue y platicó con él.
Ni hablar, es la ley de la vida.
Sus familiares deben sentirse muy orgullosos de haber compartido la existencia con una persona de tal calidad humana.
LA FIESTA DE JALACINGO
Pero el tema de hoy, dijeran aquellos respetables hermanos Lunagómez, es el de las festividades populares en Veracruz.
Jalacingo fue una población prehispánica totonaca.
De acuerdo con la reseña histórica que me encontré en la página “jalacingo online”, al igual que una reseña municipal, el lugar data de 1544, que anteriormente estuvo en lo que hoy es San Juan Xiutetelco, sitio que quedó en ruinas por la destrucción realizada en 1520 por Gonzalo de Sandoval.
En 1548 el Padre Francisco del Toral, construye la iglesia de San Francisco. Anterior a 1646 ya existía la parroquia de San Bartolomé.
El decreto de 24 de junio de 1848 concede al pueblo de Jalacingo, el título de Villa. El 25 de agosto de 1851 se hace la bendición del templo de Jesús.
En 1864, cuando la intervención francesa, los invasores no pudieron entrar a Jalacingo ya que el Coronel Miguel Melgarejo con sus soldados se enfrentó a ellos, derrotándolos en Ocotepec y Santa Anita.
El Cura José María Cid fundó un gran colegio en 1878. La Villa de Jalacingo recibe el 6 de septiembre de 1910 la categoría de Ciudad.
Esta población se encuentra ubicada en la zona centro del estado. Limita al norte con Tlapacoyan; al este con Atzalan y Altotonga; al sur con Perote; al oeste con Xiutetelco y Teziutlán, en el estado de Puebla. Su distancia aproximada al noroeste de la capital del estado por carretera es de 65 kilómetros, algo así como a una hora de Xalapa en automóvil.
En esta tierra se cultiva principalmente el maíz, pero también la manzana, la pera y el aguacate.
Cada 6 de agosto se festeja a la figura celestial de Jesucristo (en el que la mayoría de los mexicanos ponemos nuestra fe) en la imagen del Padre Jesús, al que la gente atribuye grandes milagros cuya importancia siempre va de acuerdo al tamaño de la fe de las personas.
Hoy encabezó el festejo monseñor Hipólito Barrios Melchor, el arzobispo de Xalapa, ya todo un personaje renovador, pero hoy no hizo mayor énfasis del significado del festejo.
Recuerdo hace algunos años, cuando en el último del gobierno de Patricio Chirinos, llegó en helicóptero la esposa del mandatario, señora Sonia Sánchez de Chirinos y antes de la misa fue a la plaza principal y arengó a los fieles: “vamos todos al templo, vamos a pedirle al Padre Jesús que nos ayude a todos, pero principalmente a que oriente a ese gobernador de los veracruzanos a que haga bien su trabajo y a que el Padre Jesús les traiga todas las bendiciones posibles”.
La gente se motivó enormemente y en masa acompañó a la Señora, la que por cierto nos dejó grata impresión.
Pero eso es otro asunto, decía que en Veracruz tenemos tantas festividades populares, creo que hay alrededor de 200, no se la cifra exacta, pero ojalá que el nuevo gobierno retome la idea y promueva profusamente este tipo de festividades.
Como lo hacen en España, en Italia, en Francia y en otras latitudes, que promueva ampliamente el turismo y así nuestra gente tendrá trabajo.
Ojalá.
SAN JUAN DE DIOS, 50 AÑOS DE HISTORIA Y TRADICIÓN
Patrimonio artístico de la nación
Oscar y José Emilio González Padilla
Plaza Tapatía
Puente de san Juan de Dios
Mercado San Juan
Mercado San Juan en la actualidad
En el ayer el mismo mercado
San Juan de Dios
Templo de San Juan
Terminal San Juan
Por Héctor Medina Varalta
El pasado 10 de junio se presentó el libro (bilingüe) “San Juan de Dios, 50 años de Historia y Tradición” contando con la presencia de Fernando Guzmán Pérez Peláez, en representación de Emilio González Márquez, gobernador del Estado; Alfonso Petersen Farah, alcalde tapatío; Efraín Franco, investigador de la Universidad de Guadalajara; Gina Zohn Muldoon y Gracia Ceballos, hija y viuda de Alejandro Zohn, el ex senador Raymundo Gómez Flores, entre otros. El presidente y coordinador de la Asociación Locatarios Mercado Libertad, San Juan de Dios y editor del libro, Arq. José Emilio González Padilla amablemente concedió una entrevista exclusiva para el periódico Ocho Columnas. Nuestro entrevistado comentó que la muestra fotográfica y filatélica representa una afectividad mas por la trayectoria histórica con la que se ha manejado y por los grupos de personas que han estado interesados en la historia del mercado mismo. La muestra fotográfica también representa parte de la festividad con motivo del 50 aniversario.
Personajes notorios
Guadalajara ha tenido personajes muy populares: los organilleros, los cocheros de las calandrias, las bandas musicales que en aquel entonces eran antecesoras de los mariachis y la gente propia del mercado, que inclusive en el mercado antiguo de 1888 sacaba su mercancía a manera de tianguis, no obstante que tenía su propio espacio diseñado para ello.
En una fotografía de lo que hoy es la Plaza de los Mariachis se puede apreciar una antigua tradición que desafortunadamente ya desapareció: la quema de Judas en un Sábado de Gloria (en 1910).
Las antiguas calandrias
En la galería fotográfica se puede apreciar una impresión muy característica del calandriero que tiene el capote retráctil (en 1932), a diferencia de la actual que tiene el techo plano. La muestra está enriquecida de un modelo histórico, pues empezaron con los orígenes propios del mercado. “Por otra parte-añade-, en la portada del libro aparece una pintura a la acuarela del cual nosotros prevemos un mercado limpio, un mercado preservado, y a raíz de esto arrancamos con la ubicación de San Juan de Dios con un plano de 1845, en el se distingue la calle ancha y el paso del puente (donde se encontraba el tianguis de ese entonces). En otro plano se aprecia la toma de Guadalajara por el ejército constitucionalista donde se ven los solares que darían inicio a la actividad del comercio de San Juan de Dios”.
Recuas de mulas
Hay una imagen típica del primer aglomerado de comerciantes de San Juan de Dios, ya era denominado Mercado Libertad. Las instalaciones eran improvisadas: barracas con techos de lámina y madera. La mercancía se transportaba en aquellos ayeres en recuas de mulas. Los personajes típicos que deambulaban y ofrecían su mercancía eran: vendedores de sombreros, de tuba (que la traían de Colima), vendedoras de pan, de petates, músicos, organilleros, vendedor de cedazos para colar el jocoque (1910). En la exposición, también se puede apreciar los puentes que dividían a las dos Guadalajaras.
El Mercado Colorado
También se encuentra el típico aguador que se surtía de la pila del Hospicio Cabañas y de la calle Pedro Moreno. El comercio en sí rebasó al viejo mercado y se empezó a hacer desorden. Por eso, después lo tuvo que reordenar Alejandro Zhon a través del Mercado. Hay una imagen que es muy importante porque se aprecia el Mercado Corona (de 1888) y el nuevo mercado que estaba a punto de inaugurarse (aproximadamente en 1925). A este último, le llamaban el Colorado por la piedra tan especial (roja) que utilizaron en su fachada (tipo morisco).
El nuevo mercado
La construcción del mercado comenzó el 26 de octubre de 1956 de acuerdo con el proyecto de Alejandro Zhon, cuya propuesta incluía varios niveles, espacios, flexibles y adaptables; anexos como guardería, dispensario médico, baños lavandería, estacionamiento, superficies para descargar camiones, patios escalonados, rampas y puentes peatonales. En cuanto a la estructura, la finalidad era construir una cubierta alabeada, es decir, un sistema de paraboloides hiperbólicos, lo que daría una “resistencia enorme a las deformaciones”. Como el mismo Zhon las definía “un sistema de superficies resistentes, livianas, fáciles de construir y que descargan en sólo dos puntos”, las cuales también proporcionarían luz, aire y una forma de desagüe”. Zhon lo diseñó con una visión a futuro que a lo largo del tiempo se ha ido cumpliendo porque el crecimiento económico implica también el crecimiento del comercio.
Mientras se estaba construyendo el nuevo mercado, los comerciantes fueron reubicados en la calle Javier Mina que tenía doble sentido vehicular; había más calandrias que coches.
Más de 600 años de ser mercado
Por su parte, el Ing. Oscar David González Padilla coautor del libro, menciona que el proyecto se realizó gracias a su madre, la señora Ana María Padilla quien los motivo a escribirlo. Cabe mencionar que la señora Padilla trabajó en el Mercado desde los 3 años de edad y con el paso del tiempo se hizo locataria del mismo (en 1959). Además, sabedores del valor artístico que representa el Mercado Libertad que tiene antecedentes de comercio desde hace más de 600 años (antes de la conquista), es un edificio histórico que merece ser preservado. “Lamentablemente-resalta el Ing. González-en Guadalajara, en los años 40s, 50s, y 60s las autoridades no tenían la cultura de preservación de los edificios culturales, que dan relevancia e identifican a la ciudad. Nosotros estamos pugnando porque este edificio se preserve y se mejore”.
Comerciantes y preservadores
El Mercado Libertad es el único edificio que es Patrimonio Artístico de la Nación que tiene personal trabajando en su interior; los monumentos son fríos, pero este está vivo, tiene una actividad tan importante que es el comercio. La denominación Patrimonio Artístico de la Nación implica que la tutela de cualquier obra que se realice está al mando del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA). “De cualquier manera-añade-, toda iniciativa para modificar, añadir o reparar tiene que estar autorizado por ellos y también concensado por los locatarios, que a su vez son una especie de preservadores con un grado de interés enorme por que esa es nuestra forma de vida”.
Punto de encuentro
El Ing. González, al igual que sus hermanos son locatarios del mismo, menciona que en el Mercado Libertad se puede encontrar todo lo imaginable y todo lo inimaginable, si no lo hay se lo consiguen. El comerciante Sanjuanero es una persona trabajadora, dicharachera, representa mucho de lo que somos, la identidad de lo tapatío. Por eso defender el Mercado Libertad, no sólo es defender el edificio frío, el concreto, el acero, la forma que estéticamente es bellísima, también es defender lo intangible, nuestras costumbres, nuestras raíces, todo lo que implica el desarrollo de un pueblo que se concentra, confluye, y que ahí es un punto de encuentro de todo mundo, no sólo de los tapatíos.
San Juan de Dios, el alma del pueblo
En los años 70s y 80s tuvo mucho auge la visita de los extranjeros: canadienses, holandeses, americanos, alemanes, italianos, entre otros, que decían “yo quiero conocer Guadalajara”, pero lo que realmente querían decir era “yo quiero conocer San Juan de Dios”, porque conociendo San Juan de Dios se conoce el alma del pueblo. Definitivamente, conocer los mercados es darse un baño de la realidad y de las costumbres. “Si alguien-concluye -quiere conocer realmente cómo es un pueblo, tiene que ir a sus puntos de encuentro: a sus mercados y plazas para que sea parte de vivir otras costumbres
4 ago 2010
3 ago 2010
Anecdotario Acontecer
Hola jovenes,soy un nuevo coolaborador de este portal, gracias al valor de mi amigo Luis que me invito y a mi atrevimiento de aceptar.
Vivì en este bello puerto de Tuxpan hace uuufff!!!!!! ,como 30 años, me sali y me dedique a viajar , sin dinero, con un trabajo bien alcahuete, turismo y restauranteria, ahora regreso y lo veo muy cambiado, que barbaro!!!!!, para bien y con un promisorio futuro turistico,al cual todos debemos apoyar, y para eso hay que prepararnos, por que veo que no lo estamos, nos falta , a los que tratamos directamente en atención al cliente, cortesía , amabilidad, deposición , sonrisa, compramos , por necesidad no porque nos sugieran hacerlo, y esto me recuerda una vez en Acapulco, cuando con un amigo entramos a un "super"de esos grandototes, la cajera que nos atendió, se equivoco varias veces, mi amigo mando llamar al gerente, este llego y la emprendió contra la cajera,mi amigo , lo paro en seco y le dijo no, no , no,esto no es culpa de ella, es de ustedes por no capacitar al personal, y ponerlas a trabajar sin supervisión. Ahora esto es aplicable en Tuxpan, por que no capacitamos a los empleados y queremos que atienda a los clientes como un profesional,,si queremos hacer de Tuxpan un destino turístico, debemos preparar a la gente, no solo academicamente, si no con cursos de hospitalidad , servicio, atención, hacerles ver lo importante que es una sonrisa para la gente que nos visita, es decir, crear una cultura turistica.Tuxpan tiene atractivos para ser un destino de alta calidad, en no muy largo plazo,vamos a tratar de ayudar a la ciudad, no les parece , así ganaremos todos, espero comentarios, ojalá nos leamos en unos días , su amigo
Etiquetas: cultura, turismo, Tuxpan Veracruz
BIENVENIDO HECTOR MEDINA VARALTA
Desde la maravillosa Perla de Occidente, nos envía un interesante artículo Héctor Medina Varalta, cronista innato describe con pasión y sensibilidad el acervo histórico de su natal Guadalajara, Jal.
Bienvenido al Portal, agradecimientos a todos aquellos que aportaron para tu artículo como la Lic. Mónica Pérez Cueva , a Davis y a la gentileza de aquellos que atendieron tu inquietud en el periodismo cultural, para dar a conocer pasajes interesantes que nos hacen viajar en la historia y anhelar viajar hasta ese maravilloso lugar, donde el tiempo se detiene.
La redacción
EL PALACIO DE LAS VACAS, UN PATRIMONIO OLVIDADO
Texto y fotos Héctor Medina Varalta
Guadalajara, Jal.
El Palacio de las Vacas, era una casa de descanso y perteneció a Segundo Díaz, primo hermano de Porfirio Díaz, ex presidente de México.
Cuando alguien escucha por primera vez el nombre de la casa, su mente se traslada hasta la lejana India, lugar donde adoran a las vacas. Pero no hay que ir tan lejos, pues el Palacio de las vacas se encuentra en la calle San Felipe #630, entre las calles Mezquitán y Mariano Bárcenas. La casa o Palacio es de viejo estilo español, se encuentra en el centro histórico de Guadalajara, Jal., rodeada de iglesias, parques y casas modernas, a dos cuadras de la Iglesia de San Felipe y ocho cuadras al poniente de la Catedral. Hay varias versiones del porque se le llama el Palacio de las Vacas, una de ellas, la más creíble es que en una ocasión, a uno de los tantos dueños se le ocurrió poner una lechería. La gente decía que “cómo era posible que una casa tan elegante (prácticamente un palacio) tuvieran vacas”. De este modo empezó a llamársele el Palacio de las Vacas.
Una obra de arte
La guía Mónica Pérez Cueva, asegura que originalmente el palacio de las Vacas contaba con el piso pintado a mano, con 3 comedores, 2 cocinas, 24 habitaciones, 10 baños, 4 jardines de estilo morisco, con más de 300 metros cuadrados y con bellísimos murales (aún se encuentran, pero varios están deteriorados) de Xavier Guerrero, maestro de Diego Rivera, Clemente Orozco y de Siqueiros. Como la casa fue modificada , en la actualidad existen menos habitaciones y cuenta con dos baños. La construcción de la casa empezó en 1850 y concluyó en 1910. Cabe mencionar que a fines del siglo XIX se encontraba edificado en ese lugar el “Teatro de la Unión”. Era un auténtico teatro de barriada. El entonces enorme caserón lindaba al norte, propiedad de Don Luis Anaya; al oriente, con terrenos de Don Aurelio G. Hermosillo y al poniente, con pertenencias de Don Jerónimo Lozano; al sur tenía como límite, la calle San Felipe.
El primer propietario
Hubo varios propietarios, pero a quien se le ocurrió la idea de edificar tan soberbia construcción fue a Don Segundo Díaz, pues quería una finca muy especial. De esta manera, le construyó al Palacio de las Vacas, tres puertas y dos ventanas. La puerta principal equilibra forma y dimensiones, con las ventanas inmediatas a uno y otro lado, pero las puertas de los extremos fueron diseñadas demasiado grandes, a todo lo alto del primer piso y los cinco claros afectaron bien trazadas ojivas. En la planta alta, se refinó un complicado estilo, muy al capricho de Segundo Díaz pues puso una galería con retahíla de cinco balcones, quinteto de rebuscado trazo ojival, muy moriscado, a los que flanquearon la solidez de los extremos del corredor para cuyas salidas se hicieron construir dos balcones de cada una, con lo que el piso, ganó o perdió, porque le resultó con nueve vanos de estrada, cosa jamás vista, ni jamás soñada.
Herrería del siglo XIX
Arriba de los fuertes macizos del corredor, se levantaron a los vientos oriente y poniente, dos torres con cuatro vanos de acceso siguiendo al estilo de todo el largo de las porterías. Los minaretes están remachados con cuatro abultados perillones. Para unirlos, se tendió una larga balaustrada, y se alzó en el mero centro, un redondeado copete en el que se inscribió el año de 1910. Las puertas y ventanas del primer piso y la balconería del segundo, las construyó un artista consumado-por cada detalle plasmada en su obra-, de quien se ignora su nombre. Esta obra de herrería es única en Guadalajara, pues por más que se busque, no se encuentra este tipo de trabajo realizado con tanta minuciosidad, ni con tanta precisión.
El pintor, Xavier Guerrero
Su padre fue su primer maestro en las técnicas básicas del muralismo, ya que como albañil conocía perfectamente todo lo relativo al repellado, encalado y pintura de muros. Para realizar sus festones ornamentales empleaban plantillas que simulaban papel tapiz. En ocasiones llegaron a realizar algunas pinturas murales de carácter decorativo, paisajes y naturalezas muertas. Guerrero era muy conocido por su especialidad que era el caballete. A la temprana edad de 12 años su prestigio llegó a oídos de Segundo Díaz. Por azares del destino, Guerrero decide pasar un tiempo en Guadalajara, Segundo Díaz se entera y lo manda llamar para que dibuje su casa. Este tipo de trabajo le duró a Guerrero once años; él empezó a pintar la casa a los 15 años y la termina a los 26. Pese a los años, cada uno de los murales está perfectamente definido. Xavier Guerrero fue el precursor del muralismo en México. Cabe mencionar que Orozco utilizó la misma técnica de Guerrero para pintar los murales del Hospicio Cabañas. En 1945 “La Casa de las Vacas” estuvo ocupada por el Colegio Sor Juana Inés de la Cruz, (UAG). También la ocupó una escuela de homeopatía, primarias, secundarias, etc., cada una de ellas aportaron también tanto a su manutención como a su destrucción. Además, como la casa estuvo cerrada por diez años su deterioro fue mayor.
John A. Davis
Pérez comenta que, se rumora que la Escuela de Homeopatía colaboró a la destrucción de gran parte de sus murales, pues destruyó varios de ellos para construir salones. En los murales predominan ángeles, cisnes y agua, que eran signo de nobleza en ese entonces. Únicamente dos murales conservan la firma de Xavier Guerrero, “Las pescadoras” y “Las lavanderas”. Muchas de las perforaciones que se aprecian en la parte de arriba, se presume que fueron hechos para colocar mantas.
Aunque parezca increíble, John A. Davis, un norteamericano enamorado de México y su arte compró el Palacio de las Vacas, pero no para él, sino para preservarla del tiempo. “Es un patrimonio de México-afirma-, yo vivo en esta casa, pero realmente pertenece a los mexicanos”.
Un aplauso para el gringo
Davis la compró porque estaba abandonada y era nido de mal vivientes que la tenían llena de graffiti. Por otra parte, el estadounidense también compró todos los muebles que existen en esa casa. El que escribe estas líneas se encuentra muy asombrado al contemplar, cómo un extranjero rescate del olvido tan magistrales obras de arte que los gobernantes jaliscienses del sexenio pasado y puede que también este.
Una de las pinturas favoritas de Mónica Pérez es “Venecia”, con Segundo Díaz y su bella esposa (se ignora su nombre). Aunque Guerrero nunca fue a Venecia, por boca de Segundo Díaz hizo que Guerrero visualizara el paisaje.
La casa de sus sueños
El Palacio de las Vacas a pasado por una serie de infortunios como haber sido usados sus murales como practica de tiro de postas de mal vivientes que acudían a matar palomas, una muchacha a la que le pintaron bigotes, entre otros.
Xavier Guerrero era tan cuidadoso y tan especial con sus pinturas, que checaba perfectamente, la hora, el día, la sombra, la luz. Por esta razón, a cada mural, a diferente hora le llega la luz, dándole un toque de distinción. Algunos murales se conservan en perfecto estado como “Jesús calma las aguas” y “El Ángel de la guarda, la niña y la nana”. Toda la vida de John a sido rodeada de casas viejas, libros de arte y antigüedades de toda especie. Él llegó a Guadalajara de vacaciones y se enamoró del Palacio de las Vacas. “En mi niñez fui muy pobre-asegura-, mi casa no tenía piso. En una ocasión soñé con una casa con puerta de hierro, pinturas y arcos. Esta casa es la casa de mis sueños” John vendió todas sus pertenencias para comprar la casa que tanto le gustó. Realmente John merece un aplauso por rescatar del olvido una casa que las autoridades hacen caso omiso de tan bella obra de arte.
Recuadro: Xavier Guerrero, un artista jalisciense por adopción
Xavier Guerrero nació en 1896, en San Pedro de las Colonias, Coahuila. Se inició en la pintura con su padre y hermano mayor quienes también eran artistas. Guerrero llegó a Guadalajara en 1912 o 1913, incorporándose a los estudiantes revolucionarios que tiempo después integrarían el Centro Bohemio, del que fue uno de sus iniciadores. En la ciudad de México fue miembro fundador del Sindicato de Pintores. En sus cuadros combina el color con el dibujo. Dejó en el Museo Regional un autorretrato al carbón, un óleo y una acuarela, obras que forjó en sus primeros años de su estadía en la ciudad.
Viajó a Rusia
Xavier Guerrero, jalisciense por adopción, fue el pionero del muralismo mexicano contemporáneo al pintar la vieja casona del Palacio de las Vacas. La superficie decorada fue de aproximadamente 300 mts.2 con escenas campiranas, cuadros románticos, temas bíblicos, bodegones, cenefas, paisajes y alegorías. Con el devenir del tiempo, y siempre a la vanguardia, plasmaría los grandes conjuntos de la Preparatoria de la Secretaría de Educación Pública y de Chapingo, éstas dos obras en unión con Diego Rivera, así como los murales del Palacio Nacional de la Ciudad de México. En 1925 hizo unas decoraciones en uno de los salones de la casa del entonces gobernador del Estado Lic. José G. Zuno. En 1929 viajó a la entonces Unión Soviética y al Oriente donde retornó en 1933.
Más obras
En el Sindicato Único de Autotransportistas, SUTAJ, situado en la Calzada Independencia Sur 530, decoró el salón de sesiones con un fresco cuyas alegorías son las siguientes: La Revolución, La Ciencia dueña de los elementos al servicio del hombre, Los Elementos de la Naturaleza, entre otros. Tiene además obras murales en el cine Ermita de la ciudad de México, en Cuernavaca, en el club de Esparcimiento para los Trabajadores del Hipódromo de Santiago de Chile y otro más en la Escuela México en Chillán. En colaboración con Roberto Montenegro decoró los muros de la escalera del antiguo convento de San Pedro y San Pablo, y con Diego Rivera realizó los murales del anfiteatro Bolívar.
Exposiciones
Participó en varias exposiciones tanto en la capital del país como en los Estados Unidos, en Europa y en Asia. Expuso en la Galería Knoedler de Nueva York en donde estuvieron sus cuadros Maternidad y una acuarela en que dio a conocer el paisaje de Chiapas, al que denominó “Un pueblo en la Sierra. En 1941, obtuvo el premio en el concurso de Diseño Industrial organizado por el Museo Nacional de arte Moderno de Nueva York.
Bibliografía
Arte moderno y contemporáneo, Justino Fernández.- Imprenta Universitaria
Pintores mexicanos, Heriberto García Rivas.- Editorial Diana
La Pintura en Jalisco, Roberto Franco Fernández.- Gobierno del Estado de Jalisco
Recorridos domingos de 11 a 13 y de 13 a 15, teléfono (0133) 3644-5199
